Capítulo 47: Epítome

796 52 31
                                        

Epítome; que personifica, encarna o representa otra cosa.

Epítome; que personifica, encarna o representa otra cosa

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

08 de Enero de 2024 1:00 pm, Ciudad de México.

Aysel Ferrara Ávila.

Sus manos, concretamente sus nudillos, volvían a estar cubiertos de pequeñas cortadas y marcas de impacto que lucía su piel como marcas de su propia guerra. Un combate que se extendía por sus pómulos lastimados y la grieta en su labio inferior que dejaba asomar por las orillas el carmesí de su sangre.

El sabor a metal en su lengua, mezclado con su saliva y el sabor amargo de tener que mantener la calma, eran un pesado trago que saboreaba minuto a minuto. El aro de las esposas comenzaba a irritar la piel por debajo de las mangas de la camisa blanca manchada por pequeñas gotas de sangre que en su mayoría no eran suyas.

La policía había sido suave con Lilith, era extranjera y eso intercedió por ella en forma de un trato preferencial para reducir los roces internacionales, pero en su caso, era muy diferente. Sus captores se ensañaron con ella y podía idear la razón por la que la intentaron agredir en las celdas compartidas donde se detuvo y la riña a la que tuvo que enfrentar con sus puños sin más.

Aysel se miró en el espejo de doble vista. Estaba siendo observada, de eso no había duda alguna, pero cuando los investigadores entraron a la sala de interrogatorios, despejó las ideas de su mente y les prestó atención a sus cuerpos erráticos y pasos agobiados que no podían ocultar.

El insomnio de su vida les había pintado dos huecos bajo sus ojos, el cigarro pintó sus dientes de amarillo y las largas horas de investigación habían esculpido sus espaldas encorvadas.

—Acusada de los delitos de lesiones, homicidio, estafa, falsificación, lavado de dinero, tráfico de estupefacientes, malversación, corrupción, tráfico de armas —el investigador se detuvo—. Vaya, su lista de delitos rivaliza con la de su esposa.

—Parece que somos competitivas —respondió con un tono frío y burlesco que parecía un insulto.

—Falta agregar a la lista que apuñaló a uno de los custodios —señaló él.

—En defensa propia —se defendió con el rostro como una piedra.

—Aysel Ferrara Ávila, nacida el 8 de septiembre de 1990 en la Ciudad de México, hija de padre italiano y madre mexicana —comentó leyendo el expediente—. ¿Cómo es que la hija menor de un matrimonio de clase media alta terminó inmiscuida en tanta porquería? ¿En serio tiene la valentía de presumirse inocente de todo?

—No soy culpable —admitió.

—Las pruebas indican lo contrario, señora Ferrara. Y si usted ofrece una confesión en estos momentos, podríamos reducir unos años su sentencia y lograr que por lo menos pueda ver a su hija dos veces a la semana.

Ferrara soltó una corta risa nasal mientras desviaba la mirada hacia el borde de la mesa, acomodándose debajo de esta, las esposas que le lastimaban.

—Qué gentiles —habló con el hartazgo en su voz.

RENESSANS | Segundo LibroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora