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Durante el enfrentamiento contra Victoria Velazco Dávila, la jefa de una mafia mexicana, Aysel Ferrara Ávila y Lilith Romanov perdieron la vida. El mundo ha se...
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18 de Mayo de 2021 5:16 pm, Florencia Italia.
Lilith Romanov.
Encontraba algo entretenido el ver a su prometida de un lado para otro, acomodando las últimas cajas de sus pertenencias mientras relataba a grandes rasgos la visita que le hizo a su tío. Al principio solo eran asuntos del negocio familiar y otras cuestiones personales que salieron a flote durante su paseo por el viñedo, sin embargo, el tono de voz de Aysel cambió en cuanto repitió las palabras que el mismo Franco dijo y que removieron algo en su interior.
—¿Demanda de paternidad? —cuestionó Lilith para constatar que lo que había escuchado no estaba mal. No le parecía extraño que Leonardo tuviera hijos no reconocidos, pero no quería hacer un comentario al respecto debido a que temía que se repitiera lo de la otra noche.
—Jamás había pensado en la posibilidad de tener un medio hermano o hermana —habló Ferrara cambiándose mientras su novia la observaba recargada en la cabecera de la cama—. Digo, no es como si fuera tan impensable, ni siquiera quiero indagar a profundidad en las infidelidades de mi padre. Pero, me siento extraña con esto, hasta hace unas horas creía que solo tenía un hermano y ahora resulta que puede que haya más.
—¿Te gustaría conocer a esa persona si pudieras hacerlo? —Romanov hizo una pregunta arriesgada por la cual se reprimió al instante, ya que no quería generar más tensiones con Aysel.
—No lo sé —su respuesta fue rápida, acompañada con un suspiro cargado de cansancio, un agotamiento fusionado a sus pensamientos recientes que no la dejaba desconectarse del mundo ni por un momento—. Valentino sigue investigando, pero es algo complicado considerando la confidencialidad de los asuntos legales.
—¿Quién es Valentino? —la rubia estaba confundida, no recordaba que Aysel mencionara a alguien llamado así durante todo su relato y además, le parecía divertido el nombre, podría hacer pequeñas bromas con él, pero se abstendría de hacerlo en un intento para controlarse.
—Ah, Valentino Rizzo —contestó Ferrara—. Es un viejo amigo de mi adolescencia. Lo conocí hace varios años, su familia es cercana a la mía, así que pasábamos tiempo juntos cuando mi padre nos traía a Italia para visitar a mis tíos y abuelos. Nunca entendí por qué, pero a mi papá le parecía un gran partido para mí, aunque a mi mamá nunca le agradó y a mí jamás me pareció atractivo, supongo que era indicio de que era lesbiana.
—Bueno, ya sabemos que Leonardo no tomaba muy buenas decisiones y en cuanto a gustos, exceptuando mi querida suegra, no era muy bueno eligiendo —soltó Romanov sin cohibirse como lo había estado haciendo.
No se dio cuenta de ello hasta que Aysel la miró fijamente con una expresión seria durante unos segundos. Tal vez su comentario le había molestado o incluso estaba por decirle que no volviera a hablar de esa manera de su familia, pero en lugar de todos los escenarios que Lilith creó en su mente, Ferrara empezó a reír.