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Durante el enfrentamiento contra Victoria Velazco Dávila, la jefa de una mafia mexicana, Aysel Ferrara Ávila y Lilith Romanov perdieron la vida. El mundo ha se...
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21 de Junio de 2021 10:14 am, Florencia Italia.
Lilith Romanov.
La rubia estaba más concentrada en la forma en que la falda de cuero entallada se ajustaba al cuerpo de su novia que a la película, que se supone estaba viendo en la televisión de su habitación. La camisa blanca que Aysel usaba, mostraba sus hombros, clavículas y poseía un escote discreto que distrajo a Lilith cuando Ferrara se dio la vuelta para admirar el conjunto en el espejo.
Al parecer, Aysel le estaba diciendo algo sobre la junta que tendría esa misma mañana con los accionistas mayoritarios del negocio familiar, que eran sus otros dos tíos, hermanos de su padre, sin embargo, Romanov no estaba poniéndole mucha atención a lo que sus labios decían.
—Lilith, mis ojos están arriba —pronunció Aysel sacando de su trance a Romanov.
—Ahora entiendo por qué siempre usabas traje en la oficina —comentó Lilith—. Hubieras tenido problemas para negociar correctamente por... unas muy buenas razones.
Ferrara en lugar de molestarse, soltó una pequeña risa y se aproximó a su novia, inclinándose sobre la cama para darle un beso que amenazó con retardar su partida cuando Lilith aprovechó la oportunidad para recostarla sobre la cama.
—Nos vendría bien hacer algo de cardio, ¿no lo crees? —susurró Lilith sugiriendo otra cosa—. Es bueno para el estrés y para la salud.
Las manos de Lilith se posaron en su cintura con intenciones de desfajar su camisa y posteriormente levantar la falda para que su tacto tuviera libertad debajo de esta. En un inicio, Aysel dejó que hiciera lo que quisiera, se deshizo de la camisa y la falda iba subiendo por sus muslos cada vez más con el paso de los minutos en los que Romanov daba casi por sentado que Aysel no se iría.
Cuando la rubia estaba por desabrochar el sostén de Aysel, Ferrara la tomó de las manos y las aprisionó contra la cama. Sus labios besaron desde su cuello hasta su oído dónde se detuvo a susurrar.
—Me encantaría quedarme, pero tengo compromisos con los que cumplir y odio ser impuntual —susurro con la voz agitada, deseosa de continuar.
—Dios, ¿Te gusta jugar con mi cordura y luego irte? —habló Lilith con frustración.
Aysel río, le dio un pico en los labios que Romanov recibió indignada y se levantó liberándola para volver a vestirse y finalmente marcharse. Sin embargo, cuando se sentó en el borde de la cama para colocarse los zapatos, Lilith se arrodilló ante ella para abrocharlos con delicadeza.
—¿Vas a tardar mucho? —cuestionó Romanov aparentemente tranquila cuando Aysel se levantó y ella todavía se quedó en su posición.
—Espero que no —respondió Ferrara sonriendo—. Porque pienso hacer algo de ejercicio y voy a usarte para la parte del cardio.