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Durante el enfrentamiento contra Victoria Velazco Dávila, la jefa de una mafia mexicana, Aysel Ferrara Ávila y Lilith Romanov perdieron la vida. El mundo ha se...
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14 de Marzo de 2022 8:10 am, Ciudad de México.
Lilith Romanov.
El muro de almohadas que se suponía delimitaba el espacio entre sus cuerpos dejó de ser funcional a los pocos días. Usualmente, una de las dos lo cruzaba "accidentalmente" cuando la otra dormía y ninguna se molestaba en respetar la distancia que no querían, pero que Aysel no se permitía decir en voz alta, haciéndose la fuerte, aunque ella lo cruzaba más que Lilith cuando quería dormir abrazada o simplemente tener entre sus brazos el cuerpo tibio y cómodo de su esposa del que no se despegaba hasta entrada la mañana.
Así como la pelinegra tenía ese secreto nocturno, Lilith también tenía el suyo. Mientras su esposa dormía o al menos eso creía Romanov, la rubia se colocaba a la altura de su vientre y conversaba con la bebé durante algunos minutos hasta que el cansancio la invadiera por completo, obligándola a descansar. Su voz, sus caricias delicadas y el apodo con el que solía llamarla, la tranquilizaba y no volvía a moverse en toda la noche hasta que Aysel despertara para iniciar con su rutina de cada mañana.
Probablemente, Aysel no lo admitiría por sí misma, pero tener a Lilith cerca no solo tranquilizaba a la bebé, también tenía el mismo efecto en ella. Ya no eran necesarios los ejercicios de respiración para calmarse, ni agotarse hasta el punto de dormir hasta el día siguiente, simplemente tenía que sentir su presencia para bajar todas sus defensas y permitirse, aunque sea durante unas horas, ser vulnerable con la mujer que todo el mundo le decía que tenía que alejar.
Lilith lo notó desde el primer día en que desayunaron juntas tras la discusión de Aysel con su madre. Su expresión, a pesar de ser afable como solía serlo, se veía más apagada que de costumbre y su apetito disminuyó considerablemente. Ana María sería una excelente guía para Aysel en la maternidad, pero ya no estaba disponible para ella desde el momento en que la confrontó, declarando a los cuatro vientos qué elegía confiar en Lilith a pesar de las consecuencias que ese hecho le trajeran.
Esa mañana, abrazarla un poco más antes de irse a la universidad parecía un buen plan, hasta que el despertador sonó por tercera vez anunciando más de 40 minutos de retraso. Romanov se levantó rápidamente tropezando con las almohadas del muro de Berlín de Aysel que se encontraban en el suelo. Corrió al baño para tomar una ducha rápida y juntar sus cosas para posteriormente salir corriendo sin siquiera haber desayunado ni haberse despedido de su esposa.
Las calles de la Ciudad de México podían ser complicadas en muchos sentidos, si te retrasabas un par de minutos para salir de tu casa, podrías pasar la siguiente hora y media atrapada en el tráfico. Eso fue justamente lo que pasó cuando intentaba llegar a su universidad, el tránsito no iba a cooperar con ella y tampoco ninguno de los estresados conductores que comenzaron a pitar ante el nulo avance de los autos.
La mejor alternativa de la que disponía era orillar el auto, bajar de él y correr lo más rápido que pudiera para no perder otra clase. Poco importaba dejar un deportivo modificado en una avenida muy transitada donde podrían dañarlo otros autos con su flujo descuidado si no podía llegar a tiempo para entregar los proyectos que le habían robado sus noches de sueño y colapsado cada una de las neuronas de su cerebro. Ahora entendía perfectamente a Aysel cuando se quejaba del tráfico y la universidad años antes, se reprendió mentalmente por no haber sido tan comprensiva con ella en esa ocasión cuando claramente tenía toda la razón.