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Durante el enfrentamiento contra Victoria Velazco Dávila, la jefa de una mafia mexicana, Aysel Ferrara Ávila y Lilith Romanov perdieron la vida. El mundo ha se...
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07 de Mayo de 2021 9:02 am, Florencia Italia.
Lilith Romanov Verro.
El aire fresco y la luminosa mañana la hicieron levantarse de la comodidad de su cama para ver por las amplias ventanas cubiertas por cortinas ligeras el exterior, los jardines bien cuidados y una ciudad no tan lejana brillando con la luz dorada que bañaba los techos de los edificios más destacados de la ciudad. Vivir en una zona ligeramente elevada tenía sus privilegios. Sin embargo, ella no era la única disfrutando de la vista, ya que Aysel la miraba desde la cama con una expresión somnolienta en su rostro que dejó ver una amplia sonrisa en su rostro. Ferrara no estaba viendo la ciudad, la estaba viendo a ella, a su rostro sin una gota de maquillaje, su pelo rubio alborotado y a la soltura que desprendía, vistiendo únicamente con una camiseta amplia y ropa interior debajo.
—¿Disfrutas la vista, Ferrara? —alzó una ceja mientras la miraba de manera coqueta.
—Es un privilegio tenerla —respondió la nombrada acomodándose en la cama para verla mejor—. Pero preferiría tenerte más cerca.
Lilith lo comprendió a la primera, así que no tardó en unírsele nuevamente en la cama, acurrucándose sobre su cuerpo cálido cuando Aysel apartó el edredón para poder abrazar. La cercanía de sus cuerpos le permitió a Romanov apreciar la fragancia presente en la ropa de su novia. Ferrara olía a ella, a esa característica fragancia a vainilla que se había quedado impregnada en su ropa e incluso, en su propia piel.
—Tuve un sueño —habló su pareja dándole caricias lentas en la espalda y el pelo.
—¿Me veía bien en tu sueño? —preguntó Lilith a manera de broma, asumiendo que ella era la protagonista del sueño de su novia.
—Siempre te ves bien desnuda —Aysel respondió provocando que Lilith abriera los ojos al instante y se enderezara para mirarla a los ojos sentada sobre su pelvis—. Y te veías mejor con las mejillas sonrojadas, las pupilas dilatadas y el sudor aperlado en tu cuerpo.
Las manos de Ferrara bajaron de su cintura hasta su trasero y después tocaron sus muslos, los cuales apretó, dejando las marcas de sus manos durante unos instantes en su piel blanquecina. El solo contacto sin inhibición provocó que la excitación comenzara a invadir su cuerpo, efecto que Romanov asoció a la abstinencia o incluso a la sensibilidad de su cuerpo que estaba receptivo a todo movimiento. De un momento a otro, Aysel la hizo quedar debajo de ella, apresada entre su cuerpo y la cama, recibiendo roces, besos y caricias que aumentaban el calor entre sus piernas, nublando sus sentidos.
—No estoy segura de si podemos hacer esto —susurró Lilith junto con un jadeo—. Apenas te recuperaste.
Aysel no respondió inmediatamente, ya que su boca estaba ocupada lamiendo uno de los pezones de Lilith mientras estimulaba con sus dedos el otro. La cordura de Romanov se estaba yendo al infierno, pero aun así se esforzaba por mantenerse tranquila.