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Durante el enfrentamiento contra Victoria Velazco Dávila, la jefa de una mafia mexicana, Aysel Ferrara Ávila y Lilith Romanov perdieron la vida. El mundo ha se...
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16 de Mayo de 2021 10:49 am, Florencia Italia.
Lilith Romanov.
La llegada de su nuevo auto exportado, se sumó a la lista de buenas noticias de la semana. Un Porsche GT3 RS de color negro y con modificaciones, la esperaba aparcado afuera. El esperado automóvil había arribado a la ciudad italiana después de pasar algunas complicaciones en su traslado, pero cada minuto invertido en la coordinación había valido por completo la pena. Ella no fue la única que salió a admirar el vehículo, también estaba Dmitry ahí, participando activamente en una conversación sobre las modificaciones y especificaciones que el auto tenía.
—¿Van a venir a desayunar? —cuestionó Carina con los brazos cruzados al lado de Aysel desde la puerta principal de la casa.
Robbins miraba a su novio con una mirada seria que Dmitry interpretó al instante y caminó en su dirección. Los dos no tardaron en dirigirse al comedor dónde el resto de los residentes tomaba asiento alrededor de la alargada mesa.
—Valió la pena discutir con medio mundo para traerlo aquí —comentó Lilith caminando hacia Aysel sin dejar de ver el auto.
—Pensé que le arrancarías la cabeza al encargado de transportarlo si no llegaba a tiempo.
—Y lo hubiera hecho si no me hubieras mantenido distraída estos días —una mirada coqueta se posó en sus pupilas mientras sus manos iban directo a la cintura de su novia—. No me molestaría tener distracciones así más seguido.
—Tal vez lo haga —Aysel sonrió de forma ladina.
Sus rostros estaban a centímetros de tocarse cuando el ímpetu de un beso apareció con toda naturalidad y sincronía entre ellas. Era curioso pensar que en el pasado una acción así suponía un esfuerzo inmenso y ahora se ha convertido en algo constante sin dejar de ser especial. Y ese beso hubiera sido igual de especial si no hubiera sido por la interrupción que causó Dasha.
(Conversación en inglés).
—¿Van a venir a desayunar con nosotros? —habló sonoramente—. Las estamos esperando.
—Sí, en un momento vamos —contestó Romanov con naturalidad.
—En realidad, yo tengo que hacer unas compras, pero regresaré en unas horas —contestó Aysel—. No creo tardar mucho.
—¿No vas a quedarte a desayunar? —cuestionó Lilith mirándola.
—No tengo mucho apetito en este momento y me vendría bien ir conociendo la ciudad. Así que probaré el transporte de aquí o tomaré un taxi —contestó, ignorando por completo que Dasha seguía ahí.
—¿Por qué no te llevas mi auto? —ofreció Lilith—. Sirve que le das una vuelta y llegas más rápido.
—Yo podría acompañarte —añadió Dasha antes de que Ferrara respondiera—. Supongo que vas a necesitar ayuda y yo tampoco tengo mucho apetito, además, nos vendría bien convivir a solas, no nos conocemos mucho.