𝙍𝙚𝙣𝙚𝙨𝙨𝙖𝙣𝙨 ➪ 𝙍𝙚𝙣𝙖𝙘𝙞𝙢𝙞𝙚𝙣𝙩𝙤 | 𝙎𝙚𝙘𝙪𝙚𝙡𝙖 𝙙𝙚 𝙎𝙤𝙪𝙛𝙛𝙧𝙖𝙣𝙘𝙚.
Durante el enfrentamiento contra Victoria Velazco Dávila, la jefa de una mafia mexicana, Aysel Ferrara Ávila y Lilith Romanov perdieron la vida. El mundo ha se...
8000 palabras no son suficientes para definir cuanto se aman estas dos. Llegamos al evento esperado y sé que los disfrutarán tanto como yo.
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06 de Agosto de 2021 10:26 am, San Juan de los lagos Jalisco.
Aysel Ferrara Ávila.
Tres camionetas todoterreno se estacionaron en la entrada principal atrayendo las miradas curiosas de la familia y del personal de la casa. Aysel y Lilith esperaban a sus invitados ansiosas paradas en la entrada junto a la dueña y señora de la hacienda, Doña Josefina. La anciana mantenía la mirada alta ocultando una leve sonrisa que no había abandonado sus labios desde que cierta serenata qué tuvo lugar en plena madrugada días antes. No iba a confesar que las espió por la ventana antes de que Romanov perdiera la fuerza para mantenerse de pie y se alegraba de que hubieran resuelto los conflictos qué no sabía que tenían.
—Bonita su velada de la otra noche, jovencitas —comentó observando a los amigos de la pareja descender de los autos con su equipaje—. Tanto como sus amistades con cara de vándalos.
—Abuela —pronunció Aysel esperando que nadie hubiera escuchado eso.
—Los vándalos son muy interesantes, Doña Josefina. Jamás se aburrirá con ellos, se lo aseguro —habló Robbins siendo la primera en acercarse a saludar.
La expresión de Doña Josefina cambió a una más afable y sonrió ante la modelo.
—Carina —pronunció su nombre con alegría—. Cuánto tiempo sin verte, y al parecer traes a alguien contigo.
La abuela apuntó hacia su vientre visiblemente abultado por el embarazo. Robbins le devolvió el gesto sonriente y asintió. Estiró su mano hacia Dmitry quien venía detrás de ella y este la tomó para acercarse como un joven tímido qué miraba sus zapatos sin atreverse a hacer contacto visual.
—Doña Josefina, le presento a mi futuro marido y padre de mi hijo, Dmitry Kozlov —anunció Carina.
Analizó al joven de pies a cabeza y tuvo que alzar demasiado la mirada para contemplarlo por completo debido a lo alto que era,
—Mmmta, otro gringo —se quejó sin pudor alguno.
—No, no. Soy ruso, señora —corrigió DM rápidamente—. Igual que Lilith.
La mujer mayor miró a la nombrada y después al chico. Se recargó sobre su bastón con ambas manos.
—Ah caray, no me dijiste que tenías un hermano, flaca —la mujer se dirigió a Lilith.
—No somos hermanos, señora —contestaron al unísono con su acento ruso marcado por los nervios de ambos.
—¿Hay algún tipo de fiebre rusa qué me haya perdido o porque todos se sienten cautivados por alguien de ese país? —preguntó haciendo reír a los presentes.