𝙍𝙚𝙣𝙚𝙨𝙨𝙖𝙣𝙨 ➪ 𝙍𝙚𝙣𝙖𝙘𝙞𝙢𝙞𝙚𝙣𝙩𝙤 | 𝙎𝙚𝙘𝙪𝙚𝙡𝙖 𝙙𝙚 𝙎𝙤𝙪𝙛𝙛𝙧𝙖𝙣𝙘𝙚.
Durante el enfrentamiento contra Victoria Velazco Dávila, la jefa de una mafia mexicana, Aysel Ferrara Ávila y Lilith Romanov perdieron la vida. El mundo ha se...
Este capítulo fue dificil de escribir en todo sentido y por eso tardé tanto en hacerlo. Explora los hechos más dolorosos en la vida de Aysel y de Lilith. Este capítulo no pretende romantizar ni normalizar este tipo de situaciones. Si son sensibles a estos temas, les recomiendo no leerlo. Mi intención es relatar parte de la historia de vida de los personajes y no pretendo juzgar sus decisiones y mucho menos a las personas que desafortunadamente fueron victimas de estos hechos.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
02 de Noviembre de 2023 5:30 pm, Ciudad de México.
Aysel Ferrara Ávila.
Su tacto retiró los restos de polvo y pétalos de cempasúchil qué cubrían la lápida. Sus manos rozaron la áspera pierda y quitaron la cera derretida de las veladoras que había cubierto parte del nombre grabado allí, el de su padre. Aysel suspiró profundamente reuniendo cada trozo de cera y flores en una bolsa, la misma que utilizó posteriormente para guardar las flores marchitas, qué quitó de los floreros de junto cuya agua desprendía un olor poco agradable.
—Encontré a Borgia —habló Aysel mirando directo hacia el lugar de descanso de su progenitor—. Mientras más descubro de ella, me doy cuenta de que no merecías a mamá. Estoy intentando entenderte, entender lo último que querías decirme, pero se vuelve cada vez más confuso, papá.
Sus labios se humedecieron con su saliva. Apretó su boca con fuerza cuando el impulso de llorar la abordó. Eso se sentía como un trago de agua en la garganta, como estar ahogándose y ser incapaz de escupir para respirar, una desesperación qué consume y daña hasta morir. Cerró sus ojos conteniendo las lágrimas, levantó la mirada hacia el cielo y respiró profundo, buscando calma en alguna nube o fracción celeste del cielo sobre su cabeza.
Bajó la mirada con los ojos bien abiertos para mirar sus manos al sentirlas húmedas. El carmesí teñía sus palmas tintándose de un tono más intenso en algunas partes, cubría las líneas de sus manos, su anillo de bodas y las mangas de su abrigo. Era sangre ajena. Su respiración se volvió irregular al mismo tiempo que sus latidos.
—Aysel —pronunció una voz dulce y comprensible a sus espaldas.
La nombrada se dio la vuelta al saber de quién se trataba. Al mirar a Lilith, el pánico, la sensación de sangre en sus manos y la culpa desapareció por completo. La rubia la miraba preocupada como lo había hecho desde que salieron de esa casona vacía, esperando una explicación de que era lo que había pasado en su ausencia.
—¿Quieres un momento más? —preguntó su esposa.
—No, ya terminé —contestó y amarró la bolsa de basura rápidamente. Recogió sus cosas y procedió a unirse a la calzada de cemento entre las tumbas que conducía hasta la salida.
El camino estaba agrietado, con la hierba tomando fuerza entre aquellas aberturas a pesar de la adversidad. No solía ir demasiado al cementerio, no a menos que fuera el aniversario luctuoso y día de muertos, sin embargo, después de haberse encontrado con Borgia, pensó que encontraría alguna respuesta en la tumba del hombre que la había conocido.