Día 11.4

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En el horizonte de mis pesares, veo el tiempo huir, Como arenas doradas que se escurren sin medir, Siento que en mis manos se desvanecen las horas, Y temo que mis problemas crezcan con las auroras.

En el eco de mis pasos, resuenan los lamentos, Como ecos lejanos, ahogados en los vientos, Parece que el mañana se tiñe de incertidumbre, Y me encuentro ante el abismo de la pesadumbre.

El reloj implacable avanza sin detenerse, Y mis angustias parecen nunca compadecerse, ¿Será que cuando decida enfrentar mis desvelos, Ya será tarde, perdido entre sueños y anhelos?

Pero en este instante, renace una chispa de luz, Una voz interior que me alienta, me conduce, Quizás el tiempo corre, pero en mí hay un poder, Para sanar heridas, para florecer.

Así que no temeré al reloj que no se detiene, Abrazaré el presente, con esperanza y fe, Es momento de actuar, de enfrentar con valentía, Los problemas que acechan, en este nuevo día.

Aunque el pasado se enrede con la sombra del ayer, Yo me elevaré, con fuerza, con ímpetu, sin ceder, No importa cuánto tarde, ni cuán oscuro sea el arte, Hoy enfrento mis problemas, con valentía y temple.

Diario de un poetaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora