Capítulo 12

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Exactamente cinco minutos después llegó, tocó a la bocina y me miró con esa mirada sexy que sólo él conoce. Abrí la puerta y entré. Cualquiera que hubiera pasado por allí habría jurado que era una prostituta por la forma en que había llegado en su coche. Entré, le di un beso en la mejilla y le puse la mano en el muslo.

Victorio: Siempre provocativa, no lo es Mariana.

Lali: Vámonos de aquí, Alessandro.

Nuestra mejor suerte fue que vivía solo y su piso estaba enfrente del ascensor. Cuando salimos -besándonos- buscó las llaves en el bolsillo de su pantalón, mientras yo le abría los botones de la camisa y le besaba el cuello. Cuando consiguió abrir la puerta, entramos y la cerré con el pie. Se quitó la camisa, me puso en su regazo y yo con las piernas alrededor de su cintura y nos fuimos a la cama. Cuando me tiró en la cama, se llevó las manos al cinturón de su pantalón y lo abrió. Lo único malo de que fuera mi amante era que no podía pegarme, cosa que me encantaba, porque si no mi novio se enteraría. Vi que me estaba tomando el pelo, y cuanto más lo hacía, más cachonda me ponía. Me mordí el labio y fue entonces cuando se acercó a mí.

Victorio - Dios mío, cielo - Cayó sudoroso a mi lado y tiró de mí para que me tumbara sobre su pecho desnudo - ¿Cómo consigues ser perfecta en todos los sentidos, Lalita?

Lali - ¿Y cómo consigues ser mejor cada día? - Giré la cara para mirarle y sonreí.

Victorio: Espera - pasó la mano por la marca del chupetón que Peter había dejado allí unos días antes - Yo no he hecho eso....

Lali: Ah... Emm...

Victorio - ¿Fue Maxi?

Lali: Sí - respondí prontamente.

Victorio: ¿Se está haciendo un hombre? Nunca te ví con ninguna marca.

Lali: Basta, si no fuera un hombre no estaría con él.

Victorio: Y si fuera bueno en la cama, no estarías conmigo.

Lali: Buen punto. - Me llevé la mano al cuello. No quería recordar lo que le había pasado a Peter.

Victorio: ¿Estás bien, Lali?

Lali: Sí, todo está bien.¿Por qué?

Victorio: Parece que algo te molesta.

Lali: No es nada. ¿Y Candela?

Victorio: No sé nada de ella. Hace siglos que no me llama.

Lali: Creo que te ha abandonado para siempre, porque sabe que sólo eres mío.

Victorio: ¿Qué? - Se rió - Repítelo.

Lali: ¿Que repita qué? La parte de que solo eres mío? - Él asintió y yo me senté, rodeando su cintura con mis piernas - Solo eres mío - dije, pasando ligeramente mis uñas por su pecho, burlándome de él.

Victorio: Dilo otra vez, que no te he oído.

Lali: solo eres mío - dije más alto, aún burlándome de él

Victorio: Sabes que vas a sufrir - se puso encima de mí - por eso haces estas cosas - me dio un beso, me besó la barbilla y se me echó encima.

Lali: Alesandro, no te atrevas.

Victorio: Es demasiado tarde, Lalita - Me miró a los ojos y sonrió.

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Lali: ¿Dónde pusiste mis bragas, Vico?

Victorio: En el último cajón de la derecha.

Lali: Menos mal que tuve la gran idea de traerme las bragas, ¿no?

Victorio: Por supuesto. Es aún mejor cuando quiero traer a alguna mujer que decide hurgar en mis cosas.

Lali: Oh, dale, Vico. Sólo Candela rebusca tus cosas. Y ella sabe muy bien que nos quedamos. Voy a darme una ducha. ¿Vienes?

Victorio: Creo que no.

Lali: Vale - fui hacia el baño - Oye, ¿podemos parar en la farmacia antes de irnos a casa?

Vico: Claro. ¿Qué vas a comprar?

Lali: Qué curioso. Voy a tomar mi anticonceptivo.

Victorio: ¿Pero no usas condón con Maxi?

Lali: Con él sí. Con vos no - le guiñé un ojo y me metí en el baño - Me encantaría quedar embarazada de mi amante. No te imaginas - grité desde el baño.

Victorio: Me lo imagino. ¿Quieres algo de comer?

Lali: Comeremos en casa. Creo que estaremos en casa para la cena.

Victorio: ¿Cuál es tu excusa hoy?

Lali: Cuando fui a buscar a Nano, él ya se había ido, así que ya me iba, fui a la heladería a comprar un helado, me topé contigo, charlamos un rato y luego me trajiste a casa.

Victorio: Vaya Mariana, pero si te has tomado un helado, ¿por qué comes tanto? - Imitó a mi madre.

Lali: Cállate - me reí.

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