Capítulo 61

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Lali

Agus: ¿Por qué estás feliz?

Lali: ¿Por qué sí? –dijo ella intentando dejar de sonreír.

Agsu: Ni siquiera intente ocultarme nada, señora Mariana. Te conozco muy bien.

Lali: Oh Agus – suspiré – Algo grandioso sucedió.

Agus:¿Qué? - preguntó curioso.

Lali: Es bueno, pero malo al mismo tiempo.

Agus: Decídete.

Lali: Bueno, Peter y yo… - Hice un gesto con las manos.

Agus: ¿Ustedes?

Lali: No te hagas la tonta. Tu lo sabes.

Agus: No lo sé.

Lali: Peter y yo... tuvimos sexo -dijo finalmente.

Agus: Repita, por favor. Creo que no escuché correctamente

Lali: No me repetiré – me crucé de brazos.

Agus: No voy a decir que estás loca, demente, psicópata, retrasada mental, porque sé que lo estás, pero ahora quiero saber, ¿cómo sucedió?

Lali: Está sucediendo. Y no os voy a contar absolutamente nada de lo que pasó ¿vale?

Agus: Siempre cuenta – se encogió de hombros – ¿Qué es lo malo?

Lali: No lo sé. Creo que me estoy engañando con él. Y ambos sabemos que Lali y Peter no pueden estar juntos.

Agus: ¿Qué diferencia hay? No respetas las reglas en absoluto.

Lali: Pero tengo que respetarlo. Y otra cosa, lo que le estoy haciendo a Rochi no es justo.

Agus: ¿Qué te pasa? - puso la mano en la frente - ¿Estás enferma?

Lali: Dios mío, ya nadie cree lo que digo.

Agus: Lali, todo lo que dices es ridículo.

Lali: ¿Por qué?

Agus: Porque esa no eres tú. La Lali que conozco no tiene miedo de lastimar a los demás. ¿Quién eres?

Mariano: ¿Podemos empezar? - Se detuvo a nuestro lado, mientras yo miraba a Agus con enojo.

Agus: Claro. Miró a Mariano y se fue.

Mariano: Estás bien?

Lali: Claro – me giré y me dirigí al escenario.

El ensayo había sido mucho más agotador de lo que había previsto. Cuando terminé, me fui sin hablar con Agustín y me fui a casa. Me dolió hacerlo pero tenía que hacerlo. Como de costumbre, Peter estaba sentado en el sofá y Manuela estaba acostada con la cabeza sobre su pierna.

Lali: Buenas noches, Manu.

Manuela: Buenas noches, Nena – sonrió, todavía con la mirada puesta en el televisor.

Peter: Buenas noches, Lali – él me miró y lo ignoré.

Lali: Hola mamá. Entré a la cocina y la besé en la mejilla.

Gime: Hola, hija mía.

Lali: ¿Por qué cada vez que llego estás en esta cocina?

Gime: Me gusta quedarme aquí – sonrió y abrí el frigorífico.

Lali: Mamá – cogí un limón y cerré la nevera -, ¿dónde está el azúcar? -Corté el limón por la mitad y lo pelé.

Gime: Ahí -señaló el estante que estaba a mi lado- ¿Es azúcar ahora, hija mía?

Lali: Tengo la presión alta. Le eché azúcar al limón y volví a poner el azucarero. Va a subir. Grítame cuando llegue papá.

Gime: Está bien - suspiró, prestando atención a lo que estaba haciendo, mientras salía de la cocina.

Peter: Prometiste que no me ignorarías.

Lali: No te prometí nada, Peter – me di la vuelta y subí las escaleras.

Fue cuestión de segundos antes de que se levantara y caminara hacia mi habitación. Me giré y lo miré. Cerró la puerta y vino hacia mí serio.

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