"Anhelo", guarda para desatar una tormenta de emociones que solo se intensifica después de haber recorrido las páginas de "Prohibido".
Los caminos de Alena Russell y Alexander Hoffmann se cruzan una vez más, luego de años en que la vida los ha separ...
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«Respira»
—He estado revisando el manuscrito y tengo algunas ideas que me gustaría compartir contigo —dice Barbie tomando el documento y recargándose en el escritorio. Mis ojos la siguen involuntariamente mientras se apoya, y una sensación de calor me recorre. Mi garganta se seca y trago con dificultad. Desde aquella noche, algo en mí se despertó, algo que no puedo describir, pero su imagen de la mañana siguiente sigue persiguiéndome: ella junto a la ventana con una taza de café, una camisa blanca que se ceñía a su cuerpo, delineando sus senos y marcando sus caderas.
«Alexa, respira», me digo mientras intento recuperar mi concentración.
—En primer lugar, me gustaría que profundizaras un poco más en tus experiencias personales y emociones... —Barbie continúa hablando, pero solo puedo concentrarme en la forma en que se mueven sus labios. Cruzo la pierna, tratando de contener la inquietud que siento en el estómago pero no puedo evitar imaginar mordiéndolos, sintiendo como la habitación comienza a sentirse más cálida, como si...
—¡Alexa! —La voz de Barbie me saca de mi trance.
—¡Ah!
—¿Me estás escuchando? —pregunta con un toque de impaciencia en su voz.
—Mmm... Este... sí —respondo con nerviosismo, sintiendo que mi mente todavía está atrapada en otro lugar. «¡Maldita sea!»
—¿Todo bien? —pregunta y joder, no lo está. Quiero tenerla, deseo volver a sentirla mía. En este momento, me imagino subiéndola al escritorio y haciéndole todo lo que está pasando por mi mente. Si no fuera porque acordamos ser solo amigas hasta que defina mi situación con Lucía, ya estaría entre sus piernas.
«¡¿Qué mierdas dices?!»
—Sí. —respondo con la garganta seca. —Recordé que tengo trabajo por hacer, si gustas puedes mandarme los puntos a mi correo y prometo revisarlos.
—¿De verdad? —pregunta decepcionada. —Queria invitarte a comer ¿No puedes retrasar tu agenda?
«¡Ay Dios!»
Quiero ir, más que cualquier otra cosa, pero temo que no podré controlarme. Siento que estoy experimentando una especie de fiebre hormonal, algo que nunca imaginé que me ocurriría, y mucho menos que el deseo sexual se convertiría en la única ocupación de mi mente. Pero Barbie ha logrado que esta atracción sea completamente placentera, y ahora es lo único que ocupa mis pensamientos.
—Si no puedes está bien, podemos comer otro día —me dice cerrando el manuscrito.
—No, vamos.
—Bien —me sonríe y sé que necesitaré de mucha fuerza de voluntad.
Se levanta y toma su bolso. Pasa a mi lado y mis ojos recorren su figura con una intensidad palpable. Lleva puesto un pantalón blanco que resalta su cintura y una blusa azul cielo que hace que su belleza sea deslumbrante. No puedo comprender cómo logra superarse a sí misma cada día, pero mi amor por ella crece desmesuradamente, como si no tuviera límites. Tenerla a centímetros de distancia y no poder besarla se convierte en una tortura insoportable para mí, mientras que ella parece irradiar tranquilidad y confianza, lo que solo aumenta mi nerviosismo.