Capítulo 66

44.1K 3.3K 4K
                                        

OLEG KOVALENKO

—Boss —me saluda la mano derecha del Presidente, cuyo nombre, sinceramente, no me interesa recordar.

Entro a la fortaleza. Boris es un maníaco del control; nada se le escapa al maldito. Sin perder tiempo, hago lo que siempre debo hacer cada vez que nos encontramos: me quito la ropa, quedándome completamente desnudo, y también me desprendo de la prótesis. La coloco en un compartimento que se sella automáticamente y avanzo hacia una habitación donde varias luces LED de un verde oscuro comienzan a escanear cada centímetro de mi cuerpo.

Todo esto es una tontería; jamás lo traicionaría. Pero él...

«¿Qué demonios?»

Me sobresalto cuando, de repente, una alarma roja rompe el silencio; mi ceño se frunce instintivamente. Un chirrido metálico corta el aire, me giro rápidamente, solo para encontrarme con un diminuto dron en forma de mosquito hecho añicos.

«¿Pero qué mierda?»

Me inclino con dificultad, apretando los dientes; cada movimiento me recuerda a ese maldito hijo de perra. Su imagen invade mi mente una y otra vez. No pude vengarme, no pude devolverle el favor, y eso me carcome.

Debería haberlo mutilado como él lo hizo conmigo, debería haber sentido cada fragmento de su maldita alma romperse bajo mi mano, pero no, tuvo que morirse tan fácilmente. Sin embargo, me obligo a sonreír, porque ahora él se está pudriendo en las llamas del infierno mientras yo sigo aquí, a punto de casarme con la mujer más intensa y hermosa que he conocido. Y eso ya es mucho, porque nunca pensé que alguien pudiera igualar en belleza al fénix.

«Concéntrate, Oleg»

Sacudo mi cabeza, alejando todos esos pensamientos. Reviso la baratija, y es cuando confirmo que efectivamente era un dispositivo de rastreo.

«Me están espiando.»

Aprieto el trasto en mis manos e intento adivinar quién puede estar detrás de esto. Para mi sorpresa, la primera imagen que me viene a la mente es Eva, pero rechazo la idea de inmediato. No es posible; ella me ama. Está tan obsesionada conmigo como yo con ella.

Claro, no puedo decir lo mismo de su familia. Ellos me odian tanto o más que yo a ellos. No me gusta cómo Eva los consiente, no me gusta tenerlos cerca. Si pudiera probar mi teoría, sería conveniente. Así podría deshacerme de ellos de un solo golpe, y Eva no podría hacer nada al respecto.

Pero también está la maldita hermandad. Los bastardos han hecho todo lo posible por recuperar lo que se les robó, sin éxito. Es evidente que me están siguiendo en busca de ese maldito cubo.

Sonrío, sabiendo que nunca lo encontrarán, y ese es precisamente el motivo de mi visita hoy. Sacudo mis manos y me apoyo en la pared para levantarme. Me arrastro hasta las maletas que Boris siempre deja preparadas para mí. Salgo de la habitación y encuentro a una sirvienta esperándome con mi prótesis en las manos.

—Boss —me saluda acercándose a mí. Se inclina y me coloca la prótesis. Cuando termina, se levanta y va a buscar un traje a medida. Me visto con calma y la sigo poco después.

Recorro varios pasillos hasta llegar a la sala donde está Boris.

—Oleg —me saluda, y su presencia me deja estático por unos momentos. Hay pocos hombres en esta vida con los que no me gustaría cruzarme, y Boris es uno de ellos. Marko solía decir que, después de Pavel, Boris era el ser más sádico y manipulador que conocía.

Siempre me advertía que jamás le llevara la contraria, que era un tipo que no tolera perder y que haría cualquier cosa para ganar. Por eso fue el único al que busqué cuando amenacé a la hermandad. Si él está de mi lado, será más fácil para mi organización vencerlos.

AnheloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora