"Anhelo", guarda para desatar una tormenta de emociones que solo se intensifica después de haber recorrido las páginas de "Prohibido".
Los caminos de Alena Russell y Alexander Hoffmann se cruzan una vez más, luego de años en que la vida los ha separ...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—¡Vamos campeón, tú puedes!
«Dios ayúdame»
Veo como reaniman a mi bebé por un paro respiratorio, Rebeca le realiza RCP mientras yo no paro de llorar, no puedo pederlo, sería mi fondo, si lo pierdo el mundo y todo perderia sentido.
—¡No te vayas!... No lo voy a permitir, ese miserable no puede ganar ¿Entendido? Vamos campeón, regresa a mí. —sigue presionando el pecho de mi bebé con fuerza, el sudor comienza a bañarle el rostro, pero no se detiene, uno... dos... tres...
—Mi niño...—logro articular lo que puedo, no tengo voz, tengo un nudo en la garganta que no me permite respirar, las piernas se me debilitan y término de rodillas junto a él.
—¡Está de vuelta! Tengo pulso. —grita con alivio logrando que el alma me vuelva al cuerpo. —Métele nitro, no podemos volver a perderlo. —le dicta al piloto mientras checa los signos vitales de mi Juanito. —Está bien, está de vuelta. —agrega tomando mi mano, se ve en su rostro la felicidad y la abrazo con fuerza.
—Gracias, muchas gracias.
—Descuida, te prometí salvarlo y es lo que haré, ahora por favor ponte esto. —me dice entregándome un antifaz negro, el cual tomo con las manos temblorosas, me lo coloco, no pienso objetar ni pedir explicaciones de nada, no después de ver con cuanto ímpetu salvo a mi bebé.
Así que no me interesa en donde trabaja, o quién es, lo único que deseo es que mantenga a mi bebé con vida, es lo único que tengo en mente.
«Mantenerlo vivo»
Escucho las hélices del helicóptero romper el aire, y unos veinte minutos pasan en agonía, siento como descendemos y momentos después oigo a lo lejos una voz robotiza dándoles la bienvenida que concluye en:Puertas cerradas con éxito.
—Ya puedes quitártelo. —me indica Beca y hago caso quitándome el antifaz. —Vamos. —ella se apresura, bajo detrás de mi bebé, mientras observo como lo suben a una camilla, dos enfermeras se acercan a conectarlo a varios aparatos.
—¿A dónde lo llevan? —pregunto, siguiéndolos. El lugar me deja momentáneamente en shock, ya que jamás había visto algo igual, ni siquiera con los Hoffmann. La tecnología, los pisos y las paredes parecen provenir de otro mundo; todo está impregnado en un blanco resplandeciente. Es como entrar en un búnker futurista, y puedo intuir que estamos bajo tierra, puesto que sobre nosotros se vislumbra la superficie terrestre y los árboles.
«¿Cómo es posible?»
No tiene lógica, pero así es, es como si estuviéramos en una pecera de cristal, reacciono cuando llegamos a una habitación donde hay un grupo de médicos. Quien los dirige es un señor de unos setenta años, trae consigo una tablet, el artefacto me llama la atención, ya que es transparente, puedo ver a través de él.
—Tuvo un paro respiratorio, realice 6 ciclos de RCP hasta recuperarlo, fue tratado con prednisona, pero el veneno ya llego a su cerebro. —Beca le informa y el medico con rostro serio anota.