—¿Por qué estás arreglándote tanto?— Eloisa, mi compañera de trabajo, se recuesta en el lavabo junto al mío y me observa.
Yo me acomodo un pelo que se vino hacia adelante y estuvo a punto de tocar mis labios que ya tienen brillo labial.
—Tengo una cita— sonrío y observo si falta alguna parte de mi rostro por organizar.
—¿En serio?— ella aplaude dos veces, con mucha felicidad, realmente su rostro se ilumina y su sonrisa se ensancha —Espera un momento.
No tengo tiempo de responder cuando ella sale corriendo, bueno, si podemos llamarle correr a lo que hace con una gran barriga. Después de un par de minutos, en los que debato si peinarme o no.
—Todo lo que necesitas, está aquí— sacude un bolso rosa que tiene en sus manos —Siéntate ahí— señala el espacio entre lavabos.
Parpadeo un momento antes de dirigirme a tomar un par de toallas del dispensador y secar el lugar, mi idea de cita perfecta no incluye un parche en mi trasero.
Boto los papeles húmedos y finalmente me siento.
—Es hora de hacer magia— me guiña un ojo.
.
Puedo decir que estoy gratamente sorprendida con el resultado, Eloisa no se excedió con el maquillaje, lo hizo bastante sutil, aun así mi piel se ve más perfecta, casi como si estuviera hidratada. Sin contar que uso un poco de crema para peinar para organizar algunos mechones de pelo.
Durante todo el proceso fueron pocas las ocasiones en las que Greg asomaba su cabeza al baño, realmente solo lo hacía luego de que alguien salía del baño, como si verificara que no me hubiera atacado.
No puedo quejarme, fueron unos minutos productivos en las manos de mi compañera de trabajo, quien a pesar de estar embarazada y probablemente cansarse muy fácil al estar de pie, se tomo el tiempo de ayudarme.
—Muchas gracias, Eloisa, eres la mejor— le sonrío a través del espejo.
—Lo sé, nena, lo sé— me guiña un ojo —No olvides traerme los detalles jugosos, necesito que alguien viva sucesos emocionantes por mi— la veo acariciar su estómago —Al menos por un tiempo.
—¿Cuándo comienza tu baja por maternidad?— le pregunto, yo puedo jurar que está a punto de tener un bebe allí mismo, aunque puede ser solamente yo haciendo extrañas conjeturas.
—En una semana— se encoge de hombros —Es momento de alistarme para traer este grandulón al mundo— luce bastante ilusionada.
—Eso suena genial.
—Lo más genial sería que nazca ya y deja de patearme las costillas, pero hay cosas que por el momento solo sueño— deja salir un profundo suspiro —Ahora vete, seguro ya llego tu principe— me empuja.
La miro mal, y no le hago caso. La ayudo a guardar todas sus cosas antes de retirarme, esto con el objetivo de mostrarle mi agradecimiento y encima con la intención de no lucir muy impaciente.
Mientras recojo mis cosas, y miro el ramo de girasoles sonrío.
—Tu te vas conmigo a casa— puede sonar algo tonto, pero cada vez que veo las flores no puedo evitar sonreír, es casi como si brillara como el sol.
En mi cabeza se reproducen imágenes del rostro de Christopher McGee, con su sonrisa coqueta demostrando lo seguro que está de sí mismo, con su sonrisa infantil cuando no le doy lo que pide, con su ceño fruncido porque algo no le gusta y con una arruga marcada en su entrecejo cuando sus pensamientos lo abruman.
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Los Labios de Christopher
Literatura FemininaChistopher McGee es el mayor de cinco hermanos, dos de ellos son su viva imagen, son la fotocopia uno del otro, pero solo físicamente, si miras en su interior, es "único e irrepetible," lastimosamente eso lo refleja en su manera de actuar, no sabe s...
