Che, este capitulo es para gente que no es sensible ya que involucra a un niño.
Pero bueno si seguis leyendo queda bajo tu responsabilidad y si no lo vas a leer, bueno, mejor para tu corazon.
Imaginate querido, que yo lo escribi y termine llorando porque es muy doloroso. 💔
Bueno
¡Cuidesen!
Narra Benjamín
El silencio de la casa de cristal es absoluto.
Pero en mi cabeza, no.
“Si vos no existieras, ella sería libre.”
La frase vuelve.
Una y otra vez.
Como si alguien la repitiera desde las paredes.
Miro mis manos.
Las mismas que ella besa.
Las mismas que sostiene cuando siente que se cae.
Aprieto los dedos.
—No puede ser… —susurro.
Quiero que esté equivocado.
Quiero poder odiarlo y ya.
Pero no puedo borrar lo que vi.
El anillo pesándole.
El silencio.
Esa forma de respirar… como si le doliera estar viva.
Cierro los ojos fuerte.
Por un segundo pienso en dejar todo.
En acostarme.
En hacer como si nada.
Mañana podría ser distinto.
¿No?
La idea dura poco.
Porque sé que él va a seguir ahí.
Y ella también.
Aguantando.
Por mí.
Eso es lo que más duele.
No el miedo.
No él.
Eso.
Camino hasta la mesa y agarro el frasco.
Lo sostengo.
No lo abro.
Todavía no.
Me quedo así… no sé cuánto tiempo.
Como si estuviera esperando que algo me detenga.
Que algo tenga más fuerza que esta idea.
Pero no pasa nada.
Nunca pasa nada.
Solo recuerdo su rostro.
Exhalo.
Abro el cuaderno.
Y al final escribi todo lo que siento, y cuanto amo a mama.
Dejo la lapicera.
Me quedo mirando la hoja.
No se siente como una despedida correcta.
Nada de esto se siente correcto.
Pero igual… no paro.
Narra Bella
Me despierto con el corazón acelerado.
No sé por qué.
Solo sé que algo está mal.
Muy mal.
Miro a Carlos.
Duerme.
Siempre duerme así.
Como si nada pudiera tocarlo.
Me levanto.
El piso frío me recorre el cuerpo.
Camino rápido.
Demasiado rápido.
Llego a la puerta de Benja.
—¿Benja? —susurro.
Nada.
Abro.
La luna entra por la ventana.
Todo es azul.
Todo es silencio.
Está en la cama.
Quieto.
—Está dormido —murmuro automáticamente.
Camino hacia él.
—Benja…
No responde.
No cambia.
No se mueve.
Mi pecho se aprieta.
Miro la mesa de luz.
Un papel.
Mi nombre.
No.
No.
No.
Lo agarro igual.
Leo.
Para mamá:
Perdoname. Carlos dice que si yo no existiera, vos serías libre. Y yo lo vi en tus ojos hoy, cuando el anillo te pesaba tanto que no podías ni hablar. No quiero que te sacrifiques más por mí. No quiero ser la razón por la que aguantás que él te lastime. Te amo tanto que prefiero no estar, para que vos puedas volver a tener esa luz que Max te robó y que Carlos te apaga.
Sé feliz, Bella. Por favor, sé feliz. Amame aunque no esté, porque yo te amo más que a mi propia vida. Ya no tenés que cerrar la jaula, porque el pájaro se fue para que vos puedas volar.
Tu Benja.
Cada palabra fue brutal, incluso, me desarma.
Pero no entiendo.
No quiero entender.
—No… —digo—. No, no, no…
El papel se cae.
Me tiro sobre la cama.
—¡Benja! —lo sacudo—. ¡Ey! ¡Dale, basta!
Nada.
—Está dormido —repito—. Está dormido…
Pero ya no me lo creo.
Lo agarro más fuerte.
—¡Benja, mirame! ¡Dale!
Silencio.
Un silencio que grita.
—¡ALEXA! —grito—. ¡LLAMÁ A EMERGENCIAS!
La cámara parpadea.
La veo.
Siento que me ve.
—No me dejes… —susurro contra él, quebrada—. No me dejes sola acá…
Y ahí…
algo en mí se rompe de verdad.
No olvides, votar y comentar.
¡Cuidesen!
¡Chau!
¿Que les parece el capitulo?
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El Peso De Mi Obsesión
General FictionDesesperada, me escondo en uno de los cuartos de la casa. Trato de poner el seguro, pero mis manos tiemblan tanto que no puedo. Como una bestia, Carlos irrumpe en la habitación, pateando la puerta. Sus ojos, normalmente cálidos y azules, están cegad...
