Capitulo 54

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Narra Carlos

​El silencio afuera es absoluto, pero mi corazón golpea contra mis costillas con una fuerza casi dolorosa. La miro. Está ahí, desplomada en mis brazos, con la piel tan pálida que parece tallada en mármol, su respiración es apenas un hilo de vida que me mantiene atado a este mundo.

​Me acerco lentamente, invadiendo su espacio, y mis dedos, que suelen ser instrumentos de dolor, ahora recorren su rostro con una devoción que roza lo sagrado.

​-Oh, amor mío... -susurro, y mi voz suena extraña, quebrada, cargada de una vulnerabilidad que me aterra-. Amor de mi vida. Eres todo para mí. Más que mi vida, más que el aire que respiro.

​Mis manos descienden hasta sus mejillas, limpiando con una caricia obsesiva el rastro de sangre que todavía marca su pómulo. Me carcome la culpa, pero no el arrepentimiento. Sé que lo que hice está mal. Está podrido hasta la médula. Pero la inseguridad de perderla, de que su mirada se apartara de la mía para buscar luz en otro lado, me convertía en una bestia insaciable.

No hay excusa.

Lo sé.

Solo necesitaba una prueba, un acto de entrega absoluta que borrara para siempre la idea de que ella podía pertenecer a alguien más que no fuera yo.

​-No hay excusa para probarte así -admito contra sus labios cerrados-. Pero necesitaba entender, Bella. Necesitaba confirmar que todavía queda algo de ese amor que una vez me perteneció. Y lo hiciste... tomaste el sedante. Jamás, ni en mis momentos más oscuros, pensé en matarte de verdad. Solo necesitaba saber que me amabas lo suficiente como para dejar de luchar contra mí.

​La contemplo y siento cómo ese vacío que siempre cargo en el pecho se llena por un instante. Mi Arabella. Ver su rostro, aun roto, aun herido por mi propia mano, me devuelve la cordura. Me da un motivo para seguir, para fingir que este imperio que construí tiene algún sentido.

​-Benja está bien -le digo suavemente, aunque sé que ella no puede escucharme-. Llegamos a tiempo. Tu hijo vive, Bella. Ahora el vínculo entre nosotros es total.

​Vuelvo a perder la mirada en sus facciones. Sus labios, entreabiertos, invitan al pecado. Ese beso que me entregó antes de caer fue la cosa más pura y jodidamente perfecta que he sentido en toda mi existencia. Fue un ancla.

​-Te juro que hago lo que puedo -le confieso a la oscuridad, como si pudiera pedirle perdón a su inconsciencia-. Trato de luchar contra mis celos, contra ese monstruo que siempre termina lastimándote. Pero no puedo, Bella. No sé qué sería mi vida sin tu presencia. Sería un vacío, algo aburrido, sin valor. Si no estuvieras, pediría morir.

​La envuelvo en mis brazos, atrayéndola hacia mi pecho con una fuerza que no admite escape. La llevo hacia el auto, la subo con un cuidado casi litúrgico y le aseguro el cinturón de seguridad. Me siento a su lado, tomo su mano -pálida, debil, delgada- y la beso con una devoción enfermiza, sintiendo el pulso débil de su sangre bajo mis labios.

​-No me importa si soy egoísta -murmuro, mi voz bajando de tono, volviéndose una amenaza dulce-. Pero te vas a quedar conmigo. Tu lugar es donde yo estoy. Bella, escúchame bien... si intentas escapar, me encargaré de que sea la última vez. Te dejaré sola, sin tu familia, sin el chico. No tendrás nada más que a mí. Y yo... yo no tengo nada más que a vos.

​La veo dormir. Por fin descansa. Y por primera vez en meses, el silencio de la camioneta no me grita.

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​El ambiente en la habitación principal de la mansión es sofocante, cargado de una calma tensa. La luz de la luna baña su piel, creando un contraste violento con las marcas que decoran su cuerpo. Estoy acostado de lado, pegado a ella, sintiendo cómo el calor de su respiración se mezcla con la mía.

​La rodeo con mis brazos por la cintura, pegándola con desesperación, sellando cualquier espacio entre su espalda y mi pecho. Mis dedos se pierden en la seda de su camisón, buscando la textura de su piel, comprobando que es real, que está acá, que es mía.

​Me inclino lentamente, mis labios rozan la curva de su cuello, sintiendo el latido de su carótida bajo mi boca. Es una marca de posesión, una promesa silenciosa de que, mientras ella viva, no habrá otro aire que no sea el que yo le permita respirar. Cierro los ojos, hundiéndome en su aroma, y simplemente me quedo ahí, aferrándome a ella como si fuera el último refugio en un mundo que no me merece.























¡Buenas! ¿Que tal? ¿Que les parece este capitulo?

Espero les gusten.

Lo hice hace mucho pero ricien pude corregirlo.

Espero y les haya gustado.

Voten y comente gente.

Che me cuenta tanto escribir que no se que hacer.

Estoy en duda en terminarlo para este año.

A si que disfruten, mientras se pueda😁.

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⏰ Última actualización: Jul 23 ⏰

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