Capitulo 52

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​Narra Bella

​-Llamando a emergencias -la voz de Alexa rebota contra las paredes de la habitación azul, pero el sonido se deforma, alargándose como un eco bajo el agua.

​No entiendo. No quiero entender. Mi cabeza es un nido de agujas que se clavan en mis sienes, un dolor punzante que me hace dar vueltas el cuarto. La luz de la luna baila sobre las sábanas. Qué lindo color tiene la noche. Es un azul suave, como el buzo que me puse para ir a ver a Benja... No, hoy no es su cumpleaños. ¿O sí?

​-Benja... -le toco la mejilla. Está caliente. Sí, está caliente, el piso es el que está frío-. Dale, mi amor. Despertate. Se te va a hacer tarde para el colegio.

​El papel sigue en mi mano izquierda, arrugado. Lo miro, pero las letras se borran, se transforman en manchas negras que bailan ante mi único ojo servible. El derecho no responde; está sellado, goteando un hilo espeso, caliente y pegajoso que me corre por el pómulo. Me paso los dedos y me los miro a la luz de la luna. Es rojo. Me sale sangre del ojo. Qué raro. ¿Por qué me sangra el ojo si yo solo quería traerle su regalo? Las flores amarillas... ¿dónde quedaron los dientes de león?

​-¿Duermes? Duermes, ¿verdad? -le susurro al oído, pegando mi boca a su oreja-. No... es un sueño. Es un sueño feo de esos que me dan cuando Carlos me encierra. Ya voy a despertarme en la cama, con olor a perfume caro y las sábanas limpias.

​Me tiro encima de su cuerpo, pesada, arrastrando mis propias piernas que me duelen a horrores en la entrepierna, una pulsación sorda que no se apaga. Lo abrazo fuerte, escondiendo mi cara amoratada en su cuello. Está tan quieto. Mi nene no se mueve. El silencio de la habitación empieza a gritarme que no es un sueño, que el frasco del piso está vacío, pero mi mente se niega a cruzar esa puerta. Prefiero quedarme acá, balanceándome despacio, repitiendo que está cansado. Los niños se cansan cuando juegan mucho en el jardín.

​Un golpe seco en el marco de la puerta me hace saltar.

​La silueta de Carlos recorta la luz blanca del pasillo. Viene con los ojos entrecerrados, respirando pesado, pero su mirada baja rápido: el cuaderno, el frasco tirado, mi ojo sangrando sobre la almohada de Benja. Su rostro se transforma en una máscara de piedra y espanto en un solo segundo.

​-¿Qué carajo pasó acá? -su voz es un trueno que me rompe los oídos.

​Se acerca de tres zancadas violentas. Me agarra de los hombros y me aparta de un tirón áspero, haciéndome caer de rodillas sobre las baldosas. El impacto me resuena en las costillas rotas, pero no grito. Ya no me quedan gritos. Solo me quedo ahí, mirando el suelo, mareada, sintiendo cómo el hilo de sangre me corre por la barbilla.

​-¡Benjamín! ¡Benja! -Carlos lo sacude con brusquedad, le busca el pulso en el cuello y habla entre dientes-. Mierda, mierda, mierda... ¿Qué le diste, Bella? ¡Hablá, maldita sea!

​-Duerme... -murmuro, con las palabras arrastradas, pastosas-. Está cansadito... no lo despiertes, Carlos... se va a enojar si le sacás los globos...

​Él no me escucha. Su mente está calculando el desastre, la policía, los médicos. Lo veo agacharse y levantar el cuerpo inerte de mi hijo con una facilidad pasmosa, cargándolo sobre su hombro como si fuera un saco de ropa vieja. Benja cuelga, con los brazos caídos, balanceándose al ritmo de los pasos apurados de Carlos.

​-Plata... -pienso en un destello de lucidez que me quema el cerebro-. Necesito su plata para el médico... la clínica privada...

​Intento levantarme, estirando las manos hacia él, buscando agarrarle las piernas para suplicarle que use sus contactos, su cuenta bancaria, todo lo que tiene para revivirlo. Pero mis músculos no responden. Soy un trapo viejo tirado en el piso azul.

​Carlos se detiene justo antes de salir de la habitación. Me mira desde arriba, con los ojos inyectados en una furia fría y calculadora. Sabe que si me deja así, voy a ser un estorbo, un peligro, un desecho que grita. Deja a Benja un segundo sobre la cómoda, mete la mano en el bolsillo de su pantalón y saca una jeringa pequeña.

​Se arrodilla a mi lado con una parsimonia aterradora. Me agarra del pelo, tirándome la cabeza hacia atrás sin un gramo de piedad, obligándome a mirar el techo mientras mi ojo sangra con más fuerza por la presión.

​-Te vas a quedar acá quieta y callada hasta que yo vuelva -me sisea al oído, con un aliento que me da náuseas.

​Siento el pinchazo brutal en el cuello, directo en la vena. El líquido entra como una corriente de fuego helado que me duerme la garganta de inmediato. Intento zafarme, enterrar las uñas en su alfombra, pero el efecto es instantáneo.

​Carlos vuelve a tomar a Benjamín en brazos y sale corriendo por el pasillo. Escucho sus pasos perderse escaleras abajo, el eco de sus gritos llamando al chofer, el portón de la mansión abriéndose a la fuerza. Y luego, el rugido del motor de la camioneta perdiéndose en la distancia del pueblo.

​Me quedo sola.

​Tirada en el piso de la habitación azul, con la mejilla pegada al mármol frío. No puedo mover los dedos. No puedo cerrar el ojo izquierdo. El sedante me va apagando el cuerpo por capas, hundiéndome en una parálisis negra, mientras el hilo de sangre de mi ojo derecho sigue corriendo despacio, manchando el suelo blanco, justo al lado del frasco vacío.























¡Buenas!

Se que tarde...bastante perooo este capitulo esta intenso, hasta para mi.

Espero y hayan disfrutado porque a mi me encanto como fue fluyendo...

Voten y cometen que tal les parecio. Saben que si hacen eso, me motivan mucho demasido.

😁 bueno cuidesen, que aun faltan mas capitulos y mas emociones intensas para Bella, obvi.

El Peso De Mi ObsesiónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora