El fin de semana en la casa rural se acercaba rápidamente, y tanto Marc como yo estábamos llenos de anticipación. La idea de pasar unos días a solas, lejos del mundo y de nuestras responsabilidades, era emocionante. Finalmente llegó el día y me encontré en un tren rumbo a Barcelona, mi corazón latiendo con fuerza.
Marc me recogió en la estación, y tan pronto como nos vimos, nos abrazamos con fuerza. Sentir sus brazos alrededor de mí después de semanas de separación fue un alivio y una alegría indescriptible.
—Te he echado tanto de menos —dijo Marc, mirándome a los ojos.
—Yo también, Marc. No puedo esperar para pasar este fin de semana contigo —respondí, sintiendo una ola de emoción recorrer mi cuerpo.
Condujimos hasta la casa rural, ubicada en un paraje idílico rodeado de naturaleza. La casa era hermosa, con una arquitectura rústica que se integraba perfectamente con el entorno. Era el lugar perfecto para perderse y desconectar de todo.
Entramos en la casa y Marc me llevó a recorrerla, mostrando cada rincón con entusiasmo. La decoración era acogedora, con muebles de madera y tejidos cálidos. Finalmente, llegamos al dormitorio, que tenía una gran cama con sábanas blancas y ventanas que daban a un paisaje impresionante.
—Este lugar es perfecto —dije, admirando la vista desde las ventanas.
—Sabía que te gustaría —respondió Marc, acercándose y rodeándome con sus brazos.
Nos quedamos allí un momento, disfrutando de la cercanía y de la tranquilidad del lugar. Pero pronto, la tensión acumulada durante las semanas de separación comenzó a manifestarse.
—¿Recuerdas esos mensajes que nos enviamos? —dijo Marc en un susurro, sus labios rozando mi oído.
Asentí, sintiendo una oleada de deseo recorrer mi cuerpo.
—Los recuerdo muy bien —respondí, girándome para mirarlo a los ojos.
Marc sonrió y me besó profundamente, su lengua explorando mi boca con una pasión que había estado contenida durante demasiado tiempo. Mis manos se movieron por su espalda, tirando de su camisa para sentir su piel.
Nos besamos con intensidad, como si cada segundo que habíamos estado separados se estuviera resolviendo en ese momento. Las manos de Marc bajaron por mi espalda y se detuvieron en mi cintura, levantando mi camiseta y deslizándola por encima de mi cabeza.
—Eres tan bonita, Clara —murmuró, admirando mi cuerpo.
—Y tú eres increíble, Marc —respondí, mis manos desabrochando su camisa con manos temblorosas.
La camisa cayó al suelo y mis dedos trazaron el contorno de sus músculos, sintiendo su firmeza bajo mis caricias. Nos movimos hacia la cama, tropezando con los muebles en nuestra prisa por estar más cerca. Marc me empujó suavemente sobre el colchón y se inclinó sobre mí, sus labios recorriendo mi cuello y mis hombros, encendiendo cada fibra de mi ser.
—Quiero hacer realidad cada una de nuestras fantasías —dijo, su voz ronca y cargada de deseo.
—Hazlo, Marc. Soy toda tuya —respondí, perdiéndome en sus ojos.
Sus labios bajaron por mi cuerpo, dejando un rastro de besos ardientes. Sentí su lengua explorar mi piel, encendiendo fuegos dondequiera que tocaba. Mis manos se enredaron en su cabello, guiándolo hacia donde más lo deseaba.
Marc se detuvo por un momento, sus ojos encontrando los míos mientras sus manos desabrochaban mis pantalones y los deslizaban por mis piernas. La anticipación y el deseo en su mirada hicieron que mi corazón latiera aún más rápido. Lentamente, bajó mis bragas, sus labios siguiéndolas en un camino de pura tentación.
Me mordí el labio para contener un gemido cuando sus dedos rozaron mis muslos, acercándose cada vez más a mi centro de placer. Sus labios encontraron el camino y, con un gemido suave, comencé a perderme en la sensación de su lengua, que me exploraba con una maestría que solo él conocía.
Mis manos se aferraron a las sábanas mientras Marc trabajaba en mí, llevándome a un estado de éxtasis puro. Cada movimiento, cada caricia, me acercaba más al borde. Mi respiración se volvió errática, y su nombre se escapó de mis labios en un susurro urgente.
—Marc... por favor...
Respondió con un gruñido, aumentando la intensidad de sus caricias hasta que finalmente, mi cuerpo se tensó y una ola de placer me recorrió, haciendo que el mundo se desvaneciera momentáneamente. Marc subió por mi cuerpo, besándome apasionadamente mientras mi respiración se calmaba.
—Eres increíble —dije, mi voz temblorosa.
—Esto es solo el comienzo —respondió, sonriendo contra mis labios.
Giré sobre él, mis manos recorriendo su pecho mientras me acomodaba sobre sus caderas. Lo miré a los ojos, viendo la misma intensidad y deseo reflejados en ellos. Lentamente, bajé mis manos hacia sus pantalones, desabrochándolos y deslizándolos fuera de su cuerpo, junto con su ropa interior.
Lo miré, admirando su cuerpo perfecto antes de inclinarme para besarlo, mis labios recorriendo cada centímetro de su piel. Marc dejó escapar un gemido bajo, sus manos encontrando mi espalda y tirándome hacia él. Sentí su dureza contra mi piel y un deseo ardiente me consumió.
—Te deseo tanto, Marc —murmuré, mis labios rozando su oído.
—Y yo a ti, Clara. Te quiero ahora mismo.
Sin más preámbulos, me acomodé sobre él, guiándolo dentro de mí con una lentitud tortuosa. Ambos gemimos al unísono, sintiendo la conexión intensa que habíamos estado esperando. Nos movimos juntos, en un ritmo que era tan antiguo como el tiempo mismo, pero que sentía completamente nuevo y electrizante.
Cada movimiento, cada susurro y gemido, aumentaba nuestra conexión. Sentía que el mundo se desvanecía, dejándonos solo a nosotros dos en un universo de placer y amor. Marc me miraba con una intensidad que hacía que mi corazón se acelerara aún más.
—Eres todo para mí, Clara —dijo entre respiraciones pesadas.
—Y tú eres todo para mí, Marc —respondí, sintiendo que me acercaba a otro clímax.
El ritmo aumentó, nuestros cuerpos moviéndose en perfecta sincronía. Sentía que estaba en el borde de la realidad, y cuando finalmente alcanzamos el clímax juntos, una explosión de placer nos envolvió, dejándonos sin aliento y entrelazados en un abrazo íntimo.
Nos quedamos allí, envueltos en la suavidad de las sábanas y en la calidez del otro. Marc me besó suavemente, acariciando mi cabello mientras nuestros cuerpos se relajaban.
—Esto ha sido perfecto —dije, mirando sus ojos llenos de amor.
—Lo ha sido, y cada momento contigo lo es. Te amo, Clara —respondió, besándome nuevamente.
Nos acurrucamos, dejando que el cansancio y la satisfacción nos envolvieran. Sentía una profunda paz y felicidad al estar con Marc, sabiendo que habíamos superado la distancia y los desafíos para estar juntos en ese momento perfecto.
Mientras la noche avanzaba, nos quedamos dormidos en los brazos del otro, soñando con un futuro lleno de amor, pasión y momentos inolvidables, sabiendo que, sin importar lo que el mundo nos arrojara, siempre nos tendríamos el uno al otro.
Hola mis niñas, espero que os guste ya sabéis ⭐, vos estimee.
ESTÁS LEYENDO
MENORCA//MARC GUIU
RomancePara celebrar su cumpleaños número 18, sus padres le regalan unas vacaciones en la isla, junto sus amigas María y Alicia. Emocionada, Clara llega a Menorca y queda maravillada con sus playas cristalinas, paisajes impresionantes y la calidez de su ge...
