Los días en Manchester seguían siendo emocionantes y llenos de nuevas experiencias. Marc se había asentado perfectamente en su nuevo equipo, y yo continuaba adaptándome a mis estudios y a la vida en esta ciudad vibrante. Sin embargo, una sombra de incertidumbre comenzaba a cernirse sobre mí, algo que no podía ignorar más.
Era una mañana tranquila cuando me di cuenta de que algo no estaba bien. Mi calendario mental me decía que mi periodo debía haber llegado hacía unos días, pero no había señales de ello. Al principio, intenté no preocuparme demasiado, atribuyéndolo al estrés del cambio de vida y a la adaptación a una nueva rutina. Sin embargo, a medida que pasaban los días, la ansiedad comenzó a crecer dentro de mí.
Estaba en la cocina, preparando el desayuno, cuando Marc entró, con una sonrisa en su rostro y su habitual energía matutina.
—Buenos días, amor —dijo, acercándose para darme un beso en la mejilla.
—Buenos días —respondí, intentando sonar lo más normal posible, aunque mi mente estaba lejos de ser tranquila.
Marc me miró con una expresión de curiosidad y preocupación.
—¿Estás bien? Pareces un poco distraída —comentó, frunciendo el ceño ligeramente.
—Sí, solo... muchas cosas en la cabeza, supongo —dije, intentando desviar la conversación.
Sin embargo, Marc me conocía demasiado bien para dejarlo pasar.
—Clara, sabes que puedes contarme lo que sea, ¿verdad? —dijo, tomando mis manos entre las suyas.
Sentí una oleada de emociones y, finalmente, decidí que debía decirle lo que me estaba preocupando.
—Marc, hay algo que necesito decirte... —empecé, tomando una profunda respiración—. No me ha bajado la menstruación este mes, y estoy empezando a preocuparme.
La expresión de Marc cambió a una mezcla de sorpresa y preocupación. Se quedó en silencio por unos momentos, procesando lo que acababa de escuchar.
—¿Cuánto tiempo ha pasado desde que debería haber llegado? —preguntó, con una voz suave y comprensiva.
—Una semana —respondí, mordiéndome el labio inferior—. Intenté no preocuparme al principio, pero ahora... no puedo evitarlo.
Marc me abrazó, brindándome un consuelo que necesitaba desesperadamente.
—Lo primero es no entrar en pánico —dijo con firmeza—. Podría ser cualquier cosa. El estrés, el cambio de vida, muchas cosas pueden afectar tu ciclo.
—Lo sé, pero no puedo evitar pensar en las posibilidades —respondí, sintiendo las lágrimas empezar a formarse en mis ojos.
Marc me apartó un poco para poder mirarme a los ojos.
—Vamos a enfrentar esto juntos, Clara. Lo primero que haremos es comprar una prueba de embarazo, ¿de acuerdo? No adelantemos conclusiones hasta que tengamos más información.
Asentí, agradecida por su apoyo. Decidimos ir a la farmacia más cercana y comprar una prueba de embarazo. El trayecto fue silencioso, ambos sumidos en nuestros pensamientos.
De vuelta en casa, con la prueba en la mano, me sentí abrumada por la mezcla de emociones. Marc me sostuvo mientras yo me preparaba para enfrentar lo desconocido.
—Estoy aquí contigo, Clara. Pase lo que pase, lo enfrentaremos juntos —dijo, su voz llena de amor y determinación.
Entré al baño, cerrando la puerta detrás de mí. Mientras esperaba los interminables minutos para que la prueba mostrara el resultado, sentí que el tiempo se detenía. Mi mente recorría todos los posibles escenarios, desde el alivio hasta el miedo.
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MENORCA//MARC GUIU
CintaPara celebrar su cumpleaños número 18, sus padres le regalan unas vacaciones en la isla, junto sus amigas María y Alicia. Emocionada, Clara llega a Menorca y queda maravillada con sus playas cristalinas, paisajes impresionantes y la calidez de su ge...
