Capítulo 40

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El verano llegó con su promesa de días soleados y cálidos, y con él, el inicio de los preparativos para la boda. Marc y yo habíamos decidido que nos casaríamos en Menorca, el lugar que nos había unido y donde habíamos compartido tantos momentos inolvidables. La idea de sellar nuestro amor en esa isla mágica nos llenaba de emoción y significado.

Menorca no solo era especial por ser el lugar de nuestros primeros encuentros, sino también porque allí se encontraba la casita en Cala Galdana, el refugio que Marc me había regalado en mi vigésimo cumpleaños. Queríamos que nuestra boda reflejara la simplicidad y la belleza natural de la isla, uniendo nuestras vidas en un entorno que siempre había simbolizado amor y serenidad para nosotros.

Desde el principio, decidimos que queríamos una boda íntima, rodeados solo por nuestros seres más queridos. La lista de invitados incluía a nuestras familias, amigos cercanos y algunos compañeros de equipo de Marc, así como a las nuevas amistades que habíamos hecho en Manchester.

El primer paso fue encontrar el lugar perfecto para la ceremonia. Después de considerar varias opciones, nos decidimos por una hermosa cala apartada que ofrecía vistas impresionantes del mar Mediterráneo. El lugar era ideal para una ceremonia al aire libre, con su arena blanca y aguas cristalinas sirviendo como telón de fondo.

Con el lugar asegurado, comenzamos a trabajar en los detalles de la decoración. Queríamos que todo reflejara la esencia de Menorca, utilizando elementos naturales y colores suaves que complementaran el entorno. Optamos por una paleta de tonos blancos, azules y verdes, inspirados en la naturaleza de la isla.

Mi amiga Rebecca, con su experiencia en moda y diseño, se ofreció a ayudarme a crear el vestido de novia. Juntas, pasamos horas esbozando diseños y eligiendo las telas perfectas. Finalmente, nos decidimos por un vestido ligero y fluido, hecho de seda y encaje, que capturaba la esencia bohemia y elegante de Menorca. El vestido tenía un escote en V y una espalda abierta, con delicados detalles de encaje que añadían un toque de romanticismo.

—Es perfecto, Clara —dijo Rebecca, sonriendo mientras ajustaba los últimos detalles—. Te verás hermosa.

—Gracias, Rebecca. No podría haberlo hecho sin ti.

Además del vestido, también trabajamos en los trajes para Marc y los padrinos. Queríamos que todos se sintieran cómodos y relajados, por lo que optamos por trajes de lino en tonos claros. Marc, siempre elegante, eligió un traje beige con una camisa blanca y una corbata azul, mientras que los padrinos llevaban trajes similares en tonos ligeramente diferentes.

Los preparativos también incluían la planificación del menú y la música. Queríamos que la comida reflejara los sabores locales de Menorca, por lo que trabajamos con un chef local para crear un banquete que incluyera mariscos frescos, ensaladas mediterráneas y deliciosos postres tradicionales. La música sería una mezcla de canciones que habían marcado nuestra relación, desde nuestras primeras citas hasta los momentos más recientes.

Mientras nos sumergíamos en los preparativos, también tomamos tiempo para disfrutar del verano con nuestros seres queridos. Mis padres se habían mudado definitivamente a Barcelona, y pasábamos mucho tiempo juntos, disfrutando de la compañía familiar. Lluc, que crecía rápidamente, estaba emocionado con la idea de la boda y la llegada del verano.

Un día, mientras paseábamos por la playa en Menorca, Marc tomó mi mano y me miró con una sonrisa.

—¿Te das cuenta de lo lejos que hemos llegado? —dijo, apretando suavemente mi mano—. Desde nuestro primer encuentro aquí, hasta ahora, planeando nuestra boda en este mismo lugar.

—Es increíble, ¿verdad? —respondí, mirando el horizonte—. Nunca imaginé que nuestra historia nos llevaría a este momento, pero no podría estar más feliz.

—Yo tampoco. Cada día contigo es un regalo, Clara. No puedo esperar para casarme contigo y seguir construyendo nuestra vida juntos.

Mientras continuábamos paseando, hablamos sobre nuestros sueños y planes para el futuro. Queríamos seguir apoyándonos mutuamente en nuestras carreras, criar a Lluc en un ambiente lleno de amor y, tal vez, en un futuro no muy lejano, ampliar nuestra familia.

Los días previos a la boda pasaron rápidamente. Cada detalle, cada momento de planificación nos acercaba más al gran día. Finalmente, llegó la víspera de la boda, y nos reunimos con nuestras familias y amigos en la casita de Cala Galdana para una cena informal.

La atmósfera era alegre y relajada. Nuestros padres estaban encantados de estar en Menorca y participar en la celebración. Héctor, Jane y Tiffany, junto con otros amigos cercanos, nos ayudaron a mantener el ánimo en alto, recordándonos disfrutar de cada momento.

Al día siguiente, me desperté temprano, sintiendo una mezcla de emoción y nervios. Rebecca llegó para ayudarme a prepararme, y mientras me maquillaba y peinaba, sentí una profunda gratitud por tener a mis amigos y familiares a mi lado.

—Hoy es el día, Clara —dijo Rebecca, dándome un último retoque—. Estás lista.

Me miré en el espejo y sonreí. El vestido era perfecto, y me sentía hermosa y segura. Estaba lista para caminar hacia el altar y unirme a Marc en matrimonio.

Cuando llegamos a la cala, el lugar estaba aún más hermoso de lo que había imaginado. Las flores blancas y verdes decoraban el arco bajo el cual nos casaríamos, y las sillas estaban dispuestas en un semicírculo que permitía a todos los invitados tener una vista perfecta de la ceremonia.

Marc me esperaba en el altar, y cuando nuestros ojos se encontraron, supe que todo lo que habíamos vivido nos había llevado a este momento. Con cada paso que daba hacia él, sentía el amor y la conexión que habíamos construido a lo largo de nuestra relación.

La ceremonia fue emotiva y hermosa. Intercambiamos votos sinceros, prometiéndonos amor y apoyo mutuo en todas las circunstancias. Cuando finalmente nos besamos, sentí que el mundo se detenía por un momento, celebrando nuestro amor.

Después de la ceremonia, disfrutamos de una recepción maravillosa. La comida fue deliciosa, la música alegre y la compañía inmejorable. Bailamos, reímos y compartimos historias con nuestros invitados, creando recuerdos que atesoraríamos para siempre.

Más tarde, cuando la noche caía y las estrellas comenzaban a brillar en el cielo, Marc y yo nos escapamos a la playa. Nos sentamos en la arena, observando el reflejo de la luna en el mar.

—Hoy ha sido perfecto —dije, apoyando mi cabeza en el hombro de Marc.

—Lo ha sido —respondió, rodeándome con su brazo—. No puedo imaginar un día más hermoso.

Nos quedamos en silencio, disfrutando de la paz y la tranquilidad de la noche. Sabíamos que, aunque este era el final de un capítulo, también era el comienzo de una nueva y emocionante etapa en nuestra vida juntos. Con Menorca como testigo de nuestro amor, estábamos listos para enfrentar el futuro, sabiendo que, mientras estuviéramos juntos, todo sería posible.

Menorca el lugar dónde todo empezó, ya sabéis darle ⭐, vos estimee.

MENORCA//MARC GUIUDonde viven las historias. Descúbrelo ahora