El 4 de enero llegó rápidamente, marcando el vigésimo cumpleaños de Marc. La emoción flotaba en el aire mientras Clara planeaba una celebración especial. Lluc, aunque aún muy pequeño para comprender la importancia del día, parecía contagiarse de la energía vibrante de su madre.
Desde que nos despertamos, el día estuvo lleno de sorpresas. La primera fue un desayuno especial que preparé para Marc. Mientras él dormía, me escabullí de la cama y bajé a la cocina para hacer sus platos favoritos: tortitas con sirope de arce, huevos revueltos y zumo de naranja recién exprimido. Cuando subí con la bandeja, Marc ya estaba despierto, sosteniendo a Lluc en sus brazos.
—¡Feliz cumpleaños, amor! —dije, sonriendo mientras me acercaba a la cama.
—¡Gracias, Clara! —respondió, con una sonrisa radiante—. Esto es increíble.
—Es solo el comienzo —dije, guiñándole un ojo.
Después del desayuno, Marc abrió el primer regalo del día: un reloj de lujo que había estado mirando durante meses. Su expresión de sorpresa y gratitud me llenó de alegría.
—Es perfecto, Clara. No sé cómo lo hiciste, pero es exactamente lo que quería —dijo, abrazándome.
—Lo sé, porque te escucho —respondí, riendo.
Pasamos la mañana relajados en casa, disfrutando del tiempo en familia. Lluc parecía especialmente contento, balbuceando y sonriendo constantemente. Era como si también supiera que era un día especial.
Por la tarde, llevé a Marc a un lugar que sabía que amaba: el Camp Nou. Había organizado una visita privada al estadio para nosotros, algo que sabía que significaría mucho para él. Cuando llegamos, Marc estaba visiblemente emocionado.
—¡No puedo creer que hayas organizado esto! —dijo, mirando el imponente estadio con admiración.
—Sabía que te encantaría. Quería que tu cumpleaños fuera especial —respondí, tomando su mano.
Recorrimos el estadio, visitando lugares emblemáticos como el vestuario, la sala de trofeos y, por supuesto, el campo. Marc estaba como un niño en una tienda de golosinas, absorbiendo cada detalle y recordando momentos especiales que había vivido allí.
—Este lugar es como mi segundo hogar —dijo, mientras caminábamos por el césped—. Gracias por traerme aquí, Clara.
—Siempre supe cuánto significaba para ti. Quería compartir este momento contigo —respondí.
Después de la visita, nos dirigimos a un restaurante cercano para una cena íntima. Había reservado una mesa con una vista espectacular del horizonte de Barcelona. La noche estaba clara y las luces de la ciudad brillaban como estrellas.
—A veces, no puedo creer lo afortunado que soy —dijo Marc, mientras levantábamos nuestras copas para un brindis—. Tengo una familia increíble, una carrera que amo y a ti, Clara.
—Y nosotros te tenemos a ti, Marc. No podría pedir un mejor compañero, ni Lluc un mejor padre —respondí, sonriendo.
La cena fue deliciosa, con platos de mariscos frescos y vinos exquisitos. Conversamos sobre nuestros planes futuros, nuestras esperanzas y sueños para Lluc, y nuestras metas como pareja y familia. Marc estaba radiante, y no podía evitar sentirme orgullosa de todo lo que habíamos construido juntos.
—Tengo algo más para ti —dije, mientras los postres llegaban a la mesa.
Marc me miró, intrigado. Le entregué un pequeño sobre que había guardado en mi bolso.
—¿Qué es esto? —preguntó, abriéndolo cuidadosamente.
Dentro, encontró dos boletos para un viaje sorpresa a París, una ciudad que siempre había querido visitar juntos pero nunca habiamos tenido la oportunidad.
—¡Clara, esto es increíble! —dijo, con los ojos brillando de emoción—. ¿Cuándo vamos?
—La próxima semana. Será un viaje corto, pero lleno de recuerdos inolvidables —respondí.
—No puedo esperar. Será perfecto —dijo, besándome con ternura.
La noche terminó con una caminata romántica por la ciudad, disfrutando del ambiente festivo que aún quedaba de las celebraciones navideñas. Al regresar a casa, Marc me sorprendió con un baile improvisado en el salón, con Lluc durmiendo plácidamente en su cuna.
—Gracias por hacer de este día algo tan especial —dijo, mientras nos movíamos al ritmo de una canción suave.
—Gracias a ti, Marc, por ser tú. Por hacerme sentir amada y segura todos los días —respondí, abrazándolo con fuerza.
Finalmente, cuando el día llegó a su fin, Marc y yo nos acurrucamos juntos en la cama, con Lluc en su cuna al lado. Sentí una profunda sensación de paz y felicidad, sabiendo que habíamos celebrado el cumpleaños de Marc de una manera que reflejaba todo el amor y la gratitud que sentía por él.
—Buenas noches, amor. Espero que hayas tenido un cumpleaños increíble —dije, susurrando.
—Lo ha sido, Clara. Y todo gracias a ti. Te amo —respondió, besándome suavemente.
—Te amo, Marc. Feliz cumpleaños —dije, antes de cerrar los ojos y dejarme llevar por el sueño, sabiendo que estábamos creando recuerdos que durarían toda la vida.
Así, el vigésimo cumpleaños de Marc se convirtió en un día lleno de amor, sorpresas y alegría, un reflejo perfecto de la vida que habíamos construido juntos y de los maravillosos momentos que aún estaban por venir.
Ya sabéis darle ⭐, vos estimee.
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MENORCA//MARC GUIU
RomancePara celebrar su cumpleaños número 18, sus padres le regalan unas vacaciones en la isla, junto sus amigas María y Alicia. Emocionada, Clara llega a Menorca y queda maravillada con sus playas cristalinas, paisajes impresionantes y la calidez de su ge...
