El sol de la mañana se filtraba a través de las cortinas de mi habitación, despertándome suavemente. Era mi cumpleaños número 18, un día que había anticipado con entusiasmo durante meses. A pesar de la emoción, no pude evitar sentir una punzada de nostalgia al darme cuenta de que estaba dejando atrás mi infancia. Me levanté de la cama y me dirigí al comedor, donde mis padres me esperaban con una gran sonrisa y una mesa adornada con globos y una tarta.
—¡Feliz cumpleaños, Clara! —exclamaron al unísono.
Sonreí y abracé a cada uno de ellos. Tras el desayuno y los habituales cantos de cumpleaños, mis padres me entregaron un sobre decorado con cintas doradas.
—Ábrelo —dijo mi madre con ojos brillantes.
Desaté la cinta con cuidado y saqué un pequeño folleto de viaje. Al leer el título, mis ojos se abrieron de par en par y mi corazón empezó a latir más rápido.
—¡Unas vacaciones en Menorca con mis amigas! —exclamé con incredulidad.
—Sabemos cuánto has querido visitar la isla y disfrutar con tus amigas, así que pensamos que sería el regalo perfecto para tu cumpleaños —explicó mi padre—. Os vais mañana por la mañana.
No podía creerlo. Menorca, la isla de mis sueños, estaba a solo un día de distancia. Pasé el resto del día haciendo las maletas y enviando mensajes a mis amigas, María y Alicia, quienes compartían mi emoción por el viaje.
A la mañana siguiente, el vuelo a Menorca fue corto pero lleno de anticipación. Al llegar, mis amigas y yo quedamos deslumbradas por la belleza de la isla. El aeropuerto era pequeño y acogedor, y el aire fresco del Mediterráneo nos envolvía con una brisa suave. Tomamos un taxi hasta nuestro hotel, situado en un acantilado con vistas al mar.
Después de instalarnos, decidimos dar un paseo para familiarizarnos con el lugar. Caminábamos por las estrechas calles empedradas, admirando las casas encaladas y las flores que colgaban de los balcones. Pronto llegamos a una playa donde el agua cristalina nos invitaba a darnos un baño. Sin pensarlo dos veces, nos quitamos las sandalias y corrimos hacia el agua.
Mientras nadábamos, escuchamos risas y gritos provenientes de un grupo de chicos que jugaban al fútbol en la arena. Uno de ellos, un joven muy alto, destacaba por su habilidad con el balón. Lo observé con curiosidad, fascinada por su destreza y energía.
Al salir del agua, me senté en la arena y seguí viendo el partido. En un momento dado, el balón rodó hasta mis pies. El chico que había llamado mi atención se acercó corriendo para recogerlo.
—¡Lo siento! —dijo con una sonrisa—. A veces nos emocionamos demasiado.
Le devolví la sonrisa y le entregué el balón.
—No te preocupes. Soy Clara, por cierto.
—Encantado, Clara. Yo soy Marc —respondió él, extendiendo la mano—. ¿Te gustaría unirte a nosotros?
Dudé por un momento, pero la invitación de Marc era demasiado tentadora para rechazarla. Me levanté y me uní al grupo, riendo y corriendo junto a ellos. La tarde pasó volando y, al caer el sol, sentí que había encontrado algo especial en Menorca, algo más allá de sus paisajes y playas: había encontrado una conexión que no esperaba.
Al terminar el partido, Marc se sentó junto a mí mientras sus amigos se despedían. Con una sonrisa tímida, comenzó a hablar.
—Jugar aquí siempre me recuerda por qué amo el fútbol. Aunque juego en el Barça, estos momentos con amigos son los que más disfruto.
—¡Vaya, juegas en el Barça! —exclamé sorprendida—. No tenía ni idea.
Marc sonrió y asintió.
—Sí, pero aquí en Menorca, solo soy Marc, el chico que ama el fútbol y la tranquilidad de la isla.
Mientras caminábamos de regreso al hotel, María, Alicia y yo no podíamos dejar de hablar sobre Marc y su inesperada revelación. Con los pies aún mojados y la arena pegada a mi piel, sonreí para mí misma. Este era solo el comienzo de mi aventura en Menorca, y ya sentía que mi vida estaba a punto de cambiar de maneras que nunca habría imaginado.
Mi primera historia espero que os guste, vos estimee
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MENORCA//MARC GUIU
Roman d'amourPara celebrar su cumpleaños número 18, sus padres le regalan unas vacaciones en la isla, junto sus amigas María y Alicia. Emocionada, Clara llega a Menorca y queda maravillada con sus playas cristalinas, paisajes impresionantes y la calidez de su ge...
