El viaje a París era algo que había estado esperando con ansias. Sabía que Marc siempre había soñado con visitar la ciudad del amor juntos y quería que nuestra primera vez allí juntos fuera especial. Había pasado días planeando cada detalle, asegurándome de que todo fuera perfecto.
Lluc estaba con nuestros padres, quienes estaban encantados de cuidar de él durante nuestra ausencia. Aunque me dolía dejarlo, sabía que este viaje sería una oportunidad para que Marc y yo nos conectáramos de una manera aún más profunda.
El vuelo a París fue tranquilo. Marc y yo hablamos animadamente sobre lo que queríamos hacer y ver en la ciudad. La emoción era palpable en el aire, y no podía evitar sentirme un poco nerviosa. Había algo en el ambiente que me hacía sentir que este viaje sería más que especial.
Al aterrizar, nos dirigimos directamente a nuestro hotel, un encantador establecimiento cerca de la Torre Eiffel. La habitación era acogedora y tenía una vista espectacular de la torre, iluminada y majestuosa en la noche parisina.
—Esto es increíble, Clara. No puedo creer que estemos aquí —dijo Marc, abrazándome mientras mirábamos por la ventana.
—Lo sé, es como un sueño hecho realidad —respondí, sonriendo.
Decidimos salir a explorar la ciudad de inmediato. Caminamos de la mano por las calles empedradas, admirando la arquitectura, los cafés encantadores y el bullicio de la ciudad. Todo parecía sacado de un cuento de hadas.
Nuestra primera parada fue en un pequeño bistró donde disfrutamos de una cena romántica. La comida era exquisita: foie gras, coq au vin y un delicioso crème brûlée para el postre. Marc estaba radiante, y yo me sentía increíblemente afortunada de compartir este momento con él.
—París es aún más hermosa de lo que imaginé —dijo Marc, sosteniendo mi mano sobre la mesa.
—Y apenas estamos comenzando —respondí, emocionada por lo que aún nos esperaba.
Después de la cena, nos dirigimos a la Torre Eiffel. Había reservado una visita nocturna, y la visión de la torre iluminada era simplemente impresionante. Marc y yo subimos juntos, disfrutando de las vistas panorámicas de la ciudad.
—Mira eso, Clara. París se ve increíble desde aquí arriba —dijo Marc, admirando el paisaje.
—Es hermoso, Marc. No puedo imaginar un lugar mejor para estar contigo —respondí, sintiendo una mezcla de emoción y nerviosismo.
Mientras caminábamos por la plataforma de observación, Marc se detuvo de repente y se volvió hacia mí. Su expresión era seria, pero sus ojos brillaban con una intensidad que no había visto antes.
—Clara, hay algo que he querido decirte desde hace mucho tiempo —comenzó, tomando mis manos—. Este último año ha sido el más increíble de mi vida. Desde que te conocí, has cambiado todo para mejor. Me has dado amor, apoyo y una hermosa familia. No puedo imaginar mi vida sin ti.
Mi corazón latía con fuerza mientras lo escuchaba. Las palabras de Marc resonaban profundamente en mí, y supe que algo grande estaba a punto de suceder.
—Quiero pasar el resto de mi vida contigo, Clara. Quiero que seamos una familia para siempre —continuó, mientras sacaba una pequeña caja de su bolsillo.
Abrí los ojos con asombro cuando Marc se arrodilló frente a mí, abriendo la caja para revelar un hermoso anillo de compromiso.
—Clara, ¿te casarías conmigo? —preguntó, su voz llena de emoción y esperanza.
Las lágrimas comenzaron a llenar mis ojos mientras miraba el anillo y luego a Marc. Este momento era más de lo que había soñado. Era perfecto en todos los sentidos.
—Sí, Marc. Sí, quiero casarme contigo —respondí, con la voz entrecortada por la emoción.
Marc se levantó, colocando el anillo en mi dedo, y nos abrazamos con fuerza. La multitud a nuestro alrededor comenzó a aplaudir y a vitorear, pero en ese momento, el mundo parecía desvanecerse y solo existíamos nosotros dos.
—Te amo tanto, Clara —susurró Marc, besándome con ternura.
—Y yo a ti, Marc. Para siempre —respondí, sintiendo que mi corazón estaba a punto de explotar de felicidad.
Pasamos el resto de la noche explorando la Torre Eiffel, riendo y soñando sobre nuestro futuro juntos. Cada rincón de París parecía estar lleno de magia, y el compromiso hizo que todo fuera aún más especial.
Al regresar al hotel, nos acurrucamos juntos, hablando sobre nuestros planes para la boda y nuestra vida futura. No podía dejar de mirar el anillo en mi dedo, un recordatorio constante del amor profundo y el compromiso que compartíamos.
—Hoy ha sido el mejor día de mi vida —dije, mientras Marc me abrazaba.
—Y esto es solo el comienzo, Clara. Tenemos toda una vida por delante para hacer realidad nuestros sueños —respondió, besándome suavemente.
Esa noche, me quedé dormida con una sonrisa en mi rostro y una sensación de plenitud en mi corazón. París, con su encanto y su magia, se había convertido en el escenario de uno de los momentos más importantes de nuestras vidas. Y sabía que, con Marc a mi lado, nuestro futuro sería brillante y lleno de amor.
Las luces de la ciudad del amor parpadeaban a través de la ventana, y supe que, no importa lo que el futuro trajera, siempre recordaríamos este viaje como el comienzo de un nuevo y emocionante capítulo en nuestra historia.
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MENORCA//MARC GUIU
RomancePara celebrar su cumpleaños número 18, sus padres le regalan unas vacaciones en la isla, junto sus amigas María y Alicia. Emocionada, Clara llega a Menorca y queda maravillada con sus playas cristalinas, paisajes impresionantes y la calidez de su ge...
