Capitulo 52

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Me removí entre las sabanas sin poder abrir los ojos. Mi cuerpo no respondía; era como si cada musculo se negará a despertar. Por un momento no entendía porque estaba desnuda. Pero basto un par de segundos... y los recuerdos de anoche se deslizaron de golpe por mi mente. Eso explicaba lo cansada que me sentía.

Palmee a mi alrededor, tanteando entre las sabanas. No había rastro de ella. Apreté con fuerza los parpados y reuní la poca energía que tenía para encontrarme sola en la habitación. ¿Lo soñé? Pase mis manos por mi rostro en un intento por despertarme por completo. Pero si fue un sueño ¿Por qué estoy desnuda?

-Despertaste –Escuche su voz y aparte las manos de inmediato, buscándola.

Ella tomo asiento junto a mí en la cama. Estaba completamente vestida, lista para salir y olía delicioso. Sonreía con tranquilidad, como si la noche anterior no hubiera dejado cicatrices en mí.

-Venía a despertarte –Murmuro en voz baja, inclinándose para besar mi frente –Buenos días. No fue un sueño.

-Buenos días –Respondí, todavía algo aturdida.

-¿Esta bien? –Pregunto en un todo divertido. Sus dedos acariciaron mi mejilla con suavidad que me estremecí. Su mano estaba fría.

-Estas fría –Me queje, cubriéndome el rostro otra vez. La calidez de mis mejillas contrastaba con su toque. Sus ojos brillaron con un destello malicioso.

-Es que anoche estaban muy calientes –Soltó, y la sangre me subió de golpe al rostro. Kendall Turquía, oficialmente dominada. Su risa resonó por toda la habitación, clara y dulce, el mejor sonido con el que podía despertar... aunque fuera a costa de su burla.

-¿Quieres ver algo interesante? –Pregunto.

-¿Qué cosa? –Pregunté confundida. Sin decir nada se quitó la blusa, revelando un sujetador de encaje que me hizo tragar saliva. Se giró dándome la espalda y mi rostro enrojeció aún más al notar las señas rojas que deje anoche en su piel.

-¿Lo notas? –Me miro por encima del hombro, divertida. No pude evitar cubrirme con la sabana, avergonzada -¿Me dejas verte? –Su voz se suavizo, había un brillito distinto en sus ojos, lleno de ternura y un poco travieso. Con un poco de duda solté la sabana, revelándome ante ella. Sonrió, radiante, como si acabara de recibir un regalo. Mi novia es preciosa.

-Lo siento... ¿No te duelen? –Susurre, inclinándome hacia ella mientras acariciaba con cuidado la piel marcada en su espalda, aunque ahora volvía a tener la blusa puesta.

-Tranquila. Son las marcas de una noche increíble –Respondió sin más. Volví a sentir el calor en las mejillas mientras ella se echaba a reír de nuevo. El silencio se apodero de nosotras por un momento, Sus dedos jugaban con los míos. Y entonces lo note de nuevo. Algo que llamo mi atención anoche y ahora no puedo ignorar.

-¿Qué le sucedió a tu rodilla? –Pregunte, el brillo en su mirada se desvaneció un poco. Se quedó callada, como si buscara la manera de contarme algo que prefería ignorar.

-Salí en bicicleta ayer luego de que llegáramos del colegio –Me quede en silencio esperando que prosiguiera –Fui al parque y comencé hacer carreras conmigo misma –Su tono cambio aun apenado –Una chica salió de la nada. Aunque trate de frenar, choque con ella –Fruncí el ceño –Por suerte fue bastante amable y no me agredió después de ello.

-¿Por qué no me llamaste? –La pregunta salió antes de que pudiera medir el tono. Un poco más molesto de lo que pretendía. Ella se encogió de hombros de nuevo, apartando su mano de la mía.

-Estabas enfadada –Dijo encogiéndose de hombros. Mi enfado se deshizo, suspire.

-Aunque este enfadada siempre me voy a preocupar por ti –Sonrió –Tu rodilla está muy lastimada –Murmure, observando como asomaba por el doblez de su falda que llegaba un poco más arriba de su rodilla -¿Fumaste? –Pregunte, negó.

¿Odiarla o amarla?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora