POV Kendall.
-¿Quieres quedarte esta noche? -Pregunto Renata, sentándose a mi lado. No sé cuánto tiempo llevo sentada observando el brillo de la cerámica en su habitación. Negué.
-No puedo... -Susurre en voz baja.
-De acuerdo -Murmuro en voz baja. No discutió, no intentó convencerme. Solo se quedó ahí, sentada a mi lado, con las manos entrelazadas sobre sus rodillas. Me sentía drenada. Vacía. Como si el peso de todo lo que había pasado me hubiera dejado sin energía para siquiera pensar.
Mire la hora en mi móvil, iban a dar las 8 y era momento de irme. Me puse de pie y en silencio me acompaño hacia mi auto -llámame si necesitas algo ¿Vale? -Asentí, me abrazo con fuerza como si tratara de arreglarme de alguna manera -Te quiero.
-Y yo a ti -Sin más, entre a mi auto, poniéndolo en marcha hacia mi casa. Las luces de los edificios iluminaban levemente el camino. Mi mente estaba en una especie de bloqueo. Con la mirada baja, llegue a casa, sintiendo nuevamente el nudo en la garganta de saber que ya nada sería lo mismo.
-¿¡Dónde demonios estabas!? -Me recibió los gritos de la mujer que me trajo al mundo -¡Te he llamado muchas veces! -He ignore cada una de ellas -¿Qué esos malditos aparatos que usas no te funcionan o qué? -Fruncí el ceño.
-¿Cuál es el problema? -Pregunte comenzando a dejar salir la furia que trate de ignorar desde esta tarde.
-El maldito problema es que soy tu madre, y si te llamo es porque necesito que hagas una mínima cosa ya que te comportas como un maldito mueble en esta casa -Espeto con furia.
-¿Mi madre? -Pregunte con ironía -Recuerdo que desde hace mucho no tengo madre -Me cruce de brazos, Jennifer apareció tras ella con su hija en brazos.
-¿Qué es lo que sucede? -Gire mis ojos.
-Que esta -Me señalo -No puede hacer nada por esta casa, cuando debió recogerte en la clínica -Bufe.
-¿Perdón? No soy su maldita chofer, ¿Olvidas que mi lesbianismo es contagioso? -Espete furiosa, mis ojos se cerraron al instante que su mano choco con mi mejilla. El golpe resonó más fuerte en mi cabeza que en la habitación. Sentí el ardor expandirse por mi piel, pero no hice ningún movimiento. No reaccioné. Solo la miré, con la mandíbula apretada, con los ojos ardiendo, con el pecho latiendo de rabia.
-¡No vuelvas hablarme asi! -Escupió con voz firme, acercándose nuevamente a mí. Me pasé la lengua por el interior de la mejilla, donde el golpe seguía punzando, y solté una carcajada seca, rota.
-Como si me importara dirigirte la palabra -Cerré mis ojos al ver su mano nuevamente en el aire.
-¡Mama! -Grito Jennifer -Basta -Me quede inmóvil observando los ojos furiosos de mi madre.
-¡Lárgate de mí vista! -Corrí escaleras arriba, cerrando mi habitación de un portazo. Me deslice lentamente sobre la puerta. El ardor de mi mejilla no se comparaba con el ardor que sentía mi corazón roto, la furia por mi madre, se estaba convirtiendo en odio, odiándome a mí misma, por seguir en este maldito mundo.
El nudo en mi garganta era tan fuerte que apenas podía respirar. Me abracé las rodillas, sintiendo cómo el peso de todo lo que había pasado me aplastaba, hundiéndome más en la oscuridad de mi habitación.
Mi madre... Verónica... Todo se sentía como un maldito vacío, como si estuviera atrapada en un lugar sin salida.
Me pasé la mano por la cara, limpiando las lágrimas que seguían cayendo sin control. Mi pecho subía y bajaba con dificultad. Quería gritar. Quería romper algo. Quería desaparecer. Todo es una mierda.
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¿Odiarla o amarla?
Storie d'amore"Ya era un dolor de cabeza en la escuela y se convirtió en una montaña de emociones difíciles de controlar"
