Antonella:
Ya está amaneciendo, no he podido dormir, no sé qué le estará pasando, ¿Para qué se lo llevaron?
Salgo lentamente de la cama, no quiero despertar a mis primas. Cuando me dispongo a bañarme noto que están todas las marcas de los productos personales que huso, también hay ropa de mi talla. Definitivamente esta habitación está hecha para mí y el hombre que lo mandó hacer es un completo psicópata.
Tomo uno de los vestidos celestes, es mi color preferido y me recuerda a sus glaciales ojos, esos ojos fríos como un Iceberg que se llenan de lujuria cuando me miran, ardiendo en frías llamas. Ese hombre es un jodido dios, un dios que necesito ver, quiero que regrese. Mi cuerpo por una extraña razón lo necesita, lo añora y jodidamente lo odio.
Ya lista bajo las escaleras, deben ser las 7 de la mañana, voy a la cocina donde siento movimiento. Una puerta que da al jadíen me muestra a Karl, concentrado en la nada. Hay dos mujeres en la cocina.
-Buenos día-la más joven me mira.
-Buenos días señora-nunca me ha gustado que me llamen así, me hace sentir mayor y de ella se siente extraño, debe tener mi edad o la de mis primas.
La señora mayor entrada en los sesenta se voltea, me dedica una media sonrisa y yo se la devuelvo mientras agito mi mano.
- ¿Tiene hambre? No creímos que se despertaría tan temprano. Falta un poco para que el desayuno esté listo-me encojo de hombros.
-No se preocupe ¿Puedo ayudarles en algo? -la más joven me mira como si me hubiesen salido dos cabezas. En cambio, la señora lo hace con una sonrisa.
-No es necesario-responde la última, niego lavándome las manos y tomando asiento a su lado, miro las verduras y frutas, la señora me pasa un cuchillo.
-Mi nombre es Antonella-le digo, ambas que me miran atentamente.
-Yo soy Evi y ella es mi mamá Helga.
-Mucho gusto- no se les da bien el inglés, pero es mejor que no entender nada de alemán.
-El gusto es mío señora, no debería estar haciendo eso-apunta las verduras entre mis manos.
- ¿Por qué? ayudo todos los días a mi nana, no tengo nada que hacer. Estoy muy aburrida y no puedo bailar-agito mi pie, ellas continúan viendo sorprendidas.
- ¿Eres bailarina? -pregunta Evi.
-Si desde los cinco años. Me llevaron a vivir a París, me formé ahí, también trabajé durante algunos años, hasta que decidí regresar a Italia.
-Por eso tu acento es tan extraño-me rio, es cierto tengo una mescla cómica entre francés e italiano.
-Ho por supuesto-la interrumpe una voz chillona de mujer- la niñita de papá no debe haber pasado trabajo alguno en la vida-es la misma mujer que intervino ayer en la reunión de Egeo.
- ¿¡Perdón!?-la miro atravesada y ella me devuelve la mirada con odio.
-No sé qué ve en ti-me mira de arriba debajo de forma desdeñosa- no eres más que una muñequita de porcelana caprichosa y flacucha-me rio con ganas y ella se queda estupefacta por mi reacción.
-Julia-trata de intervenir Karl desde el umbral de la puerta, pero le hago un ademan con la mano para que se calle.
-Lo entiendo todo-digo con suficiencia-el odio es por yo soy una muñequita de porcelana y tu una hinchable que usan y desechan-la rodeo mirándola de arriba abajo.
- ¿Sabes? -continúo con tono arrogante-la diferencia entre tu y yo no es que tu seas un simple soldado del montón y yo una bailarina famosa, hija del presidente de Italia, que proviene de una familia aristocrática con billones en sus cuentas bancarias, además esposa del líder de la mafia italiana-ahoga un gritico-la diferencia es que yo no busco pelea por un hombre, no necesito quilos de silicona para humillar a otra mujer y por supuesto lo más importante, tengo clase para ofender.
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Egeo (Mares)
Roman d'amourLa desconfianza y secretos de mi marido me llevaron a los brazos de alguien más. No cualquier hombre, sino su hermano gemelo. Egeo Mansfeld una pesadilla disfrazada en vivos colores y ojos color hielo. Una mariposa que engaña con vibrantes colores o...
