Olivia sintió el resplandor de los primeros rayos de sol acariciandole el rostro manchado de sangre y barro. Cada respiración era un esfuerzo y una especie de recordatorio de que aún estaba viva, pues de otro modo, su cuerpo no habría estado tirado en la tierra vencido por el dolor. Con los ojos aun cerrados, extendió la mano derecha hacia un lado para sentir el calor de sus hijos; recordaba haberlos envuelto con un trozo de tela qué rasgó de su vestido, arrullándolos contra su pecho durante la noche en un intento de protegerlos del frío.
Pero ahora la tela estaba vacía.
Su mano rozó la tierra seca del bosque, y en un instante tuvo la impresión de que su corazón se detenía, como si la sangre que antes le corría por las venas hubiera decidido deliberadamente no correr nunca mas. Ya no podía sentir a sus hijos, escucharlos, ni mucho menos percibir su fragancia: Ese olor vacilante y agridulce del parto mezclado con la fauna silvestre.
Se incorporó en el suelo, en un movimiento tan brusco que todos los músculos de la cintura hasta los pies le dolieron. Sin embargo, no soltó ni un gemido. Su cuerpo podía gritar todo lo que quisiera; pues su mente estaba enfocada en un solo objetivo.
Miró a su alrededor, con los ojos negros llenos de una ansiedad casi febril, moviéndose de un lado a otro cuál animal acorralado. Del Nightkort ya no quedaban ni las huellas, notó, antes de sentir el peso de un mazazo en el estomago y comenzar a respirar más rápido. ¿Y si... ? Agitó la cabeza, negándose a considerar la posibilidad de que aquel monstruo se los hubiera llevado entre sus afilados dientes. Pero ¿entonces? ¿Dónde demonios estaban los bebés?
Se puso en pie con la mano apoyada en el vientre todavía hinchado. Y aunque de repente tenía la sensación de que algo la desgarraba desde adentro con cada paso, no se detuvo. Ni porque el barro y la sangre mezclados con el sudor le cubrían los muslos, ni tampoco porque los cortes en las plantas de los pies le escocían de manera espantosa.
Debió estar así, deambulando e intentando usar su hemocinesis para detectar cualquier latido por pequeño que fuera, durante horas. Pues cuando los guardias al fin la encontraron, el sol ya brillaba en lo mas alto del cielo y su vestido, empapado de sudor y reducido a harapos, colgaba de su cuerpo como un disfraz.
No lucía como una Reina, mucho menos como una Thauri.
Cuando los soldados se acercaron, ella no los reconoció de inmediato. Sus ojos estaban vidriosos, vacíos de toda razón. De ahí que intentara luchar contra ellos en el momento que la sujetaron por los antebrazos lastimados para subirla al carruaje, y que murmurara casi como una promesa, que los mataría a todos.
Una promesa que parecía más que dispuesta a cumplir, en especial cuando llegaron al Palacio y el cochero hizo parar los caballos en el patio principal. La puerta de madera cedió hacia atrás con un chirrido, y antes de que el par de guardias pudiera volver a aprisionarla, Olivia se abalanzó sobre el mas alto con la energía propia de un animal salvaje.
El hombre gritó algo e intentó separarse de ella, pero estaba tan adherida a su armadura como una garrapata al lomo de un caballo. Los demás, que se habían quedado anonadados por la escena, ni siquiera se atrevieron a parpadear y cuando quisieron intervenir, era demasiado tarde. La Reina ya había clavado las uñas y hasta los dientes en el rostro y el cuello del soldado. Pues eran las únicas zonas que el acero dejaba expuestas.
—¡Maldición! —chilló él, empujándola hacia atrás con todas todas sus fuerzas.
Olivia salió disparada con dirección al asfalto y todos los presentes parecieron contener la respiración al verla colisionar contra el suelo. Sin embargo, la expresión en sus rostros se transformó en una de horror cuando ella elevó el mentón y divisaron su boca, mejillas y nariz manchadas de la sangre fresca del soldado, a quien le había desgarrado el labio inferior.
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Espinas de Plata
Historical FictionCuando el poder de los Maksimov parece ir en picada, Aspen debe asumir la verdadera responsabilidad de ser Rey, para salvar el tratado de paz, pero sobre todo, para salvar a su futuro hijo de todos los peligros que acechan en los rincones de la cort...
