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Odette se sacudió y ejerció mas fuerza en la espada, provocando que la sangre emanara de la mano de Olivia con ahincó, sin embargo, eso no fue suficiente para hacer que la liberara; echó la cabeza hacia atrás con solo el cincuenta por ciento de su visión disponible y sintió un empujón que terminó por provocar que ambas rodaran en el piso. La arena les quemó la piel mientras luchaban y entonces Olivia consiguió quedar arriba, sentada a horcajadas sobre el torso de la guerrera.

Allí, con la furia ardiendo en las pupilas, le propinó un puñetazo y luego otro y otro, hasta que la sangre que emergía de su mano ya se había mezclado con la que brotó de la nariz de Odette. En las gradas todo el mundo contuvo la respiración, expectante. ¿Por qué Odette no se movía, si la Reina no parecía tener la fuerza suficiente para retenerla contra el piso? No al menos de forma física.

—¡Aaaah! —gruñó la joven Laurens, levantando en el aire y con muchísimo esfuerzo el brazo izquierdo en busca de protegerse de los endemoniados golpes de Olivia.

Fue como si acabara de liberarse de una soga que la mantenía clavada a la tierra en contra de su voluntad y entonces, extendió la mano derecha hacia un lado, tirando con ella de la sangre de Olivia para quitársela de encima, e hizo uso de la mano izquierda para controlar el liquido carmesí que brotaba de su propia cara. Lo cristalizó en cuestión de un parpadeó y se aseguró de arrojar todas las pequeñas cuchillas en dirección a la Reina, que continuaba retenida por los efectos de la hemocinesis.

Parker creyó que la sangre en sus venas comenzaba a hervir cuando vio desde las gradas a Olivia tambalearse, herida por las hojas granate que la golpeaban como si fueran fragmentos de vidrio. Apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos y tuvo que contener el impulso de saltar a la arena. Pero si lo suyo era rabia, lo de William ni siquiera podía definirse, su respiración se había convertido en el bufido de un animal rabioso y las venas de su cuello se brotaron a tal punto en que podías ver su pulso a mas de un metro de distancia. 

<< No apostaría en tu contra ni porque estuvieras ciega y manca >> Olivia parpadeó dos veces cuando la voz de Gavin Murray le retumbó en la cabeza como un trueno. 

Sangraba. Por los brazos, las piernas y la frente. Pero aun así se levantó.

Ni siquiera supo cómo, solo respiró profundo y lo hizo, dos pies en tierra, la espalda recta, los puños arriba justo en frente de la cara, aunque el derecho colgaba apenas sostenido por tendones maltrechos.

Vio la figura de Odette, acercándose hacia ella en busca de un poco mas y supo que ya no habría hemocinesis. No tenía sangre ni fuerza para usarla. Así que esperó, aun cuando no podía sentir si en realidad sus botas estaban firmes sobre la arena. 

Odette se le acercó como un depredador saboreando la victoria, segura, arrogante. Un espectáculo tan irónico que casi resultó poético, pues puede que el enfrentamiento fuera injusto porque no estuvieron en igualdad de condiciones, pero la de Laurens no dejaba de sentir que solo le estaba pagando a la Reina con la misma moneda.

Olivia lanzó el primer golpe. Una izquierda seca que impactó en el pómulo de Odette, haciéndola tambalear. Luego un gancho con el brazo herido, más desesperación que técnica, pero eso sí, efectivo. La rebelde retrocedió un paso, escupiendo sangre.

Un acto que pareció mera cortesía y que sirvió de antelación a ese movimiento tan fluido como brutal, en el que Odette se giró, esquivando el siguiente ataque de Olivia y la atrapó con el brazo alrededor del cuello, forzándola a inclinarse; mientras hacia uso de la mano libre para sacar un cuchillo fino, casi ceremonial, y alzarlo en el aire, a la vista de todos.

Espinas de PlataDonde viven las historias. Descúbrelo ahora