Olivia se forzó a parpadear dos veces en busca de aclarar la vista, pero dada la velocidad con la que caían era difícil que el mundo a su alrededor no resultara cuando menos borroso. Su mano izquierda temblaba por la fatiga de balancear o mas bien, de sostener, los ochenta kilos de su esposo en contra de la gravedad y a ella... ¿Quién la sostenía ademas de sus dioses?
Intentó tirar de su propio cuerpo hacia arriba en busca de contener el impacto contra la agreste tierra del jardín, pero no tenía las fuerzas ni la sangre suficiente para hacerlo, la herida en su costado aun continuaba abierta y el cansancio amenaza con ganarle a la voluntad. Lo que sí pudo fue notar ese latido caótico, estruendoso e inevitablemente familiar, que le erizó todos los vellos de la piel y le sacudió los huesos como solo lo haría el peor de los presagios.
Entonces sintió el golpe, sus párpados cerrados con toda la fuerza del mundo y su espalda colisionando contra una superficie firme pero ¿viva? La calidez la envolvió como un manto, un rugido vibró bajo su cuerpo, profundo y gutural cual aviso de guerra, y el batir de unas alas colosales de repente la hizo volver a elevarse en el cielo.
El aire se le escapó de los pulmones al comprenderlo, si es que acaso aquello tenía el mas mínimo sentido. La criatura, con sus escamas negras y sus membranas traslúcidas, había irrumpido en el Palacio en el instante preciso, alzándose desde la sombra cual demonio alado, casi como si pudiera percibir que ella estaba en peligro, o mas importante, como si eso le preocupara.
Aspen cayó solo un segundo después, pero no con la misma suerte que la Reina. Pues el peso de su cuerpo se desplomó contra el lomo del Nightkort y rodó peligrosamente hacia el borde.
—¡Maldición! —gruñó Olivia, incorporándose a cómo podía.
Pues el mundo a su alrededor continuaba girando y el viento rugía con fuerza, empujándola en todas direcciones. Aun así, no podía perder a Aspen, por lo que se arrastró sobre el cuero resbaladizo y caliente de la criatura, estiró el brazo y sus dedos arañaron la tela del jubón que el monarca vestía justo antes de que pudiera caer al vacío. Con un grito ahogado y su ultimo aliento, Olivia se impulsó hacia él y lo atrapó con ambas manos pese a la forma en que los músculos le ardían.
A lo lejos, el Palacio se llenó de gritos y órdenes desesperadas. De un lado los invitados al baile del Regente no daban crédito al monstruo que acababan de ver y del otro, los soldados se armaban y formaban en cuadrillas.
—¡Arqueros! —gritó uno de ellos, antes de que el primer enjambre de flechas surcara en vano el cielo, pues el Nightkort giró bruscamente en el aire, esquivándolas.
Olivia, vencida por el cansancio, se permitió recostar la espalda en la inmensidad del ala que la sostenía; aún cuando no podía confiar en aquella bestia, sabía que compartían un vinculo y una deuda. Con Aspen presionado contra su pecho no se dio cuenta de la velocidad con la que corrió el tiempo hasta que el animal comenzó a perder altura en busca de aterrizar.
Estaban al sur de los campos del Palacio, lo suficientemente lejos como para ser atrapados por los soldados durante la noche, pero no tanto como para alejarse del punto de encuentro que habían planeado en un principio con Avaluna y los demás.
¡Estaba en su cabeza! Pensó Olivia algo molesta, la maldita bestia conocía con exactitud cada uno de sus pensamientos, al punto en que los había llevado hasta allí sin necesidad alguna de ordenárselo.
Entonces... ¿Ya no quería asesinarla?
—¿Olivia? —la voz de Alicia emergió desde un grupo de arbustos, segundos antes de que la vieran aparecer con una lampara de aceite en la mano.
Tras ella se ubicaban Avaluna, Parker y por supuesto William, cada uno mas sorprendido que el anterior tras verla montar un Nightkort.
—¿Qué demonios es esto? —dijo su primo, acercándose para ayudarla a cargar el cuerpo inconsciente de Aspen.
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Espinas de Plata
Historical FictionCuando el poder de los Maksimov parece ir en picada, Aspen debe asumir la verdadera responsabilidad de ser Rey, para salvar el tratado de paz, pero sobre todo, para salvar a su futuro hijo de todos los peligros que acechan en los rincones de la cort...
