Capítulo 43. Las pruebas de acceso

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Rechazada. Había perdido la cuenta de las veces que había rechazado una llamada de su madre en los seis días que llevaba en casa del vasco. Bloqueó el teléfono soltando un largo suspiro y tirándole con rabia encima de la mesita de noche de Martin. Ambos estaban tumbados en la cama, mientras Martin acariciaba con cuidado la cara y el pelo de Juanjo, como si tuviera miedo a romperle.

-Deberías cogerle amor - susurró dejando un cálido beso en su mejilla - son muchos días, estará preocupada por ti - volvió a abrazarle fuerte por la cintura tratando de reconfortarle.

-Lo sé mi vida- dijo correspondiéndole el abrazo -pero no quiero que me desestabilice otra vez, mañana tenemos los primeros exámenes teóricos...

-Entiendo - expresó Martin mientras le miraba a los ojos - al menos podrías enviarle un mensaje de WhatsApp antes de dormir y luego ya le apagas para no saber la respuesta. Así se quedará más tranquila, parece arrepentida Juanji - dijo formando un puchero en los labios.

Juanjo miró al vasco con devoción, sus ojos brillaban con preocupación pura y real por él. Nunca nadie a parte de Almudena había hecho tanto por él en tan poco tiempo. Martin había estado pendiente del maño durante toda la semana, ofreciéndole cariño, apoyo y un hombro donde llorar. También intentándole sacar alguna que otra carcajada. Sintiéndose seguro y en casa, en un hogar que no era el suyo. Aunque cada vez tenía más claro que su casa estaba de la mano de ese vasco con bigote. 

Martin había leído los mensajes que cada día le enviaba su madre y se le rompía un pedacito de corazón cada vez. Se la notaba arrepentida. Se leía entre líneas que quería enmendar su error y recuperar a su hijo. Sabía que había actuado mal y estaba dejando a Juanjo su espacio para pensárselo.

-Vale - susurró el maño sonriendo bobamente y robándole un pico- te quiero.

Los ojos de Martin empezaron a brillar de manera especial y se tiró encima del cuerpo del maño comenzando una batalla de besos por toda su cara.

-Te quiero, te quiero, te quiero... - decía entre cada uno de los besos.

Juanjo reía por las cosquillas y el arrebato de amor que le había dado al pequeño, apretándole fuerte a él, aferrándose como si no hubiera nadie mejor en el mundo para calmar sus demonios.

FLASHBACK: Hace 6 días, cuando Juanjo salió por la puerta de casa...

-José, te has pasado tres pueblos con el niño - susurró Ángela con temor en la voz, como si tuviera miedo de que ella saliera también mal parada.

-¿Qué niño, Ángela? ¿Así le hemos educado? - masticó las palabras con rabia - no me puedo creer nada de esto ¿y ahora dónde coño se ha ido? ¿con ese supuesto novio que tiene y que no conocíamos de su existencia? Esto es de chiste - movió la cerveza derramando un poco sobre la mesa.

Ángela cogió una bayeta de un cajón de la cocina y recogió el estropicio que su marido estaba formando.

-Creo que te estás pasando con él - dijo en voz bajita.

-¿Me estás vacilando tú también hoy? - dijo con rabia apretando con fuerza la cerveza y manchando nuevamente lo que ya había recogido.

-No - sentenció mirándole por primera vez a los ojos - tu hijo no es igual que tú. Deberías haberte dado cuenta desde el principio. Ama la música, ¿pero tú has visto como ha tocado el piano hoy o se te ha olvidado?

-Me da igual, Ángela. No quiero que desperdicie su vida, que tenga que pasar hambre y no tenga un techo como me pasó a mí de pequeño. No quiero. Quiero que tenga un futuro digno - expresó llevándose las manos a la cabeza con rabia.

CONTRA LAS CUERDASHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora