Capítulo 14. comunicarse a través de la música

1.4K 139 47
                                        

El suave rasgado de la guitarra de Álex y Belén tranquilizaba el día de mierda que Martin había tenido. Su madre había vuelto a altas horas de la madrugada en unas condiciones poco éticas, chocándose con el mueble de la entrada y causando la caída del jarrón que su padre había comprado cuando vivían todos juntos.

Martin se había despertado asustado por el estruendo del jarrón haciéndose trizas en el suelo y desde entonces no había podido pegar ojo. Se había dedicado a llevar a su madre hasta su dormitorio y a recoger todo el estropicio que ella había causado. Cuando miró la hora en el teléfono marcaban las 3 de la mañana y desde entonces había estado dando vueltas sin conciliar el sueño. Las ojeras marcadas de color violáceo eran la fiel representación de ello esa tarde de lunes en su cabina favorita, la número cuatro. Estaba haciendo trabajos pendientes mientras sus amigos le enseñaban la obra que interpretaban juntos. En ese instante tenía los ojos cerrados, disfrutando de la melodía que sus dos mejores amigos estaban ensayando.

Cuando la música cesó de sonar, el vasco abrió los ojos con una sonrisa de oreja a oreja en la cara. La música era capaz de curar hasta las heridas más profundas atravesadas en su corazón.

-Os sale genial chicos - confesó - es super relajante la pieza ¿de qué compositor es?

-¿De verdad? - preguntó Belén insegura - nos da miedo aburrir. Siempre nos dice el profesor que tenemos que meter más matices para no caer en la monotonía... -explicó.

-Que va, os lo digo con total sinceridad. Me ha encantado. Me relaja después del día que llevo- sonrió sincero el vasco.

-Jo muchísimas gracias manito - dijo Álex chocándole la mano.

-Son las 18:00 Álex deberíamos ir yendo hacia el auditorio - expresó Belén.

-Sí - dijo Álex mirando su reloj de muñeca - el tiempo pasa volando.

Ambos chicos recogieron sus guitarras en sus respectivas fundas. Belén se quedó un momento mirándose en el espejo de la cabina, retocándose el flequillo. Llevaba puesto unos pantalones vaqueros de color negro y unas manoletinas planas junto a una camiseta negra de manga corta. Álex llevaba puesto un outfit parecido, cambiando el calzado por unos zapatos negros y una camisa de botones. No era un acto especialmente formal, sino una audición en el salón de actos del conservatorio, por lo que la indumentaria no era especialmente estricta.

-Adiós chicos, mucha mierda - animó el vasco despidiéndose moviendo la mano.

-Gracias - dijeron los dos a la vez.

Álex guiño el ojo a Martin y Belén le dejó un suave beso sobre el pelo alborotado antes de salir de la cabina.

Martin, por fin, se quedó solo permitiéndose perderse en sus pensamientos. Tenía delante de él un taco de apuntes de análisis que tenía que estudiar si no quería perder el ritmo de la clase y a su mano derecha, el libro de historia de la música, que gritaba ser leído para el examen que en breves tendría. Suspiró cansado, ese día estaba especialmente desconcentrado, no se veía capaz de retener ningún tipo de información teórica o iba a acabar llorando por ser incapaz de memorizar nada.

 Giró la cabeza y se encontró con su funda de violín reposando sobre la pared de la cabina, sonrió al verla. Estaba llena de pegatinas de las diferentes ciudades europeas en las que había tenido el gusto de estar y poder tocar, desde Alemania, Austria, Dinamarca, Holanda, Noruega... Ese pequeño estuche había recorrido medio mundo a la espalda del vasco. Esa funda podía contar gran cantidad de historias y secretos.

La suave melodía del piano en la cabina contigua le hizo salir de sus pensamientos. Era Juanjo. Sonrió inconscientemente y cogió su propio instrumento para practicar su obra junto a él. Tenían una relación extraña, se entendían a través de la música más que con las palabras. A Martin eso le encantaba, no había nada que amase más que la música y sentir esa conexión con el maño le hacía que se le erizase la piel. 

CONTRA LAS CUERDASHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora