La semana fue difícil para Martin. Especialmente cuando tenía que compartir espacio con su madre. Trató de evitarla durante todo el tiempo, lográndolo con éxito. No vio ni rastro de su madre por los pasillos ni tampoco acudió a buscarle a las cabinas. No escuchó su habitual ruido de tacones. Era como si se hubiera volatilizado.
-No la he visto cariño, estáte tranquilo - susurró Juanjo abrazándole la tarde del lunes mientras compartían la cabina - dicen que se ha pedido la semana de permiso por asuntos propios.
A pesar de no cruzarse sus caminos, Martin sentía que en ocasiones las cuatro paredes del Conservatorio se iban cerrando poco a poco, ocasionándole una presión en el pecho poco usual. No era una persona especialmente nerviosa ni ansiosa. Él paseaba por la vida con tranquilidad, ni siquiera cuando tenía que enfrentarse a conciertos o audiciones su corazón se aceleraba de tal manera. Era una sensación nueva y sobre todo, extraña. No le gustaba. Le hacía sentir mal y con unas ganas de salir corriendo de manera inminente.
-Eso que sientes es ansiedad, cielo- le explicó su padre una tarde que ambos estaban sentados juntos en el sofá de su piso, acariciando su pelo con suavidad - ¿Quieres que hablemos de ello?
Martin se había abierto con él. Le había contado lo que había sucedido en el chalet el día del cumpleaños de Juanjo. Su padre no era tonto, y cuando le vio aparecer en casa con cuatro maletas llenas de cosas y la cara desencajada supuso que no había vuelta atrás. Había estado posponiendo el momento, rezando para que nunca ocurriese, pero era inevitable. Su ahora ex-mujer había perdido el norte y había arrasado con todo a su paso, olvidándose por el camino de su único hijo.
Al padre de Martin le dolió mucho ver a su hijo en ese estado. Pero más le dolía todo lo que había tenido que sufrir desde que había explotado todo. Para él, Martin era la cosa más valiosa y más importante que tenía. No quería hacerle daño ni que sufriera de manera innecesaria. Por eso actuó como lo hizo, aguantando muchos más años de los necesarios al lado de la madre de Martin, a pesar de conocer la realidad de la historia.
Mucho menos después de conocer el profundo mundo interior que tiene su hijo. No hay que ser especialmente apegado al vasco para descubrir que es una persona sensible a la que le afectan las cosas en exceso, aunque quiera esconderlo detrás de su imagen un tanto arrogante y altanera.
Martin no era egocéntrico. Si hablabas con él durante un minuto te darías cuenta de que daba la vida por la gente que le importa. Si su madre se hubiera parado a mirarle y escucharle durante al menos un momento, se habría dado cuenta de que su hijo le miraba con ojos brillantes, propios de alguien que te admira con todo su ser. Había sido su ídolo, su modelo a seguir. Había rellenado miles de redacciones cuando apenas comenzó a escribir hablando de lo importante que era su madre para él.
Si ahora le preguntaras, te diría que se arrepentía totalmente de no haber nombrado más a su padre, ese que siempre estuvo y estaría para escucharle y tenderle la mano. Puede que su trabajo de oficina no fuera tan interesante ni apasionante, pero al final del día ahí estaba para escucharle hablar o tocar, aunque no entendiera nada de música. Mientras tanto, su madre ahogaba su frustración en copas de alcohol, rodeada de gente que no sabía ni cómo estaba. Tampoco se lo iban a preguntar. Estaba nadando sin salvavidas en mitad del óceano y condenada a adentrarse en un pozo sin fondo. Había llegado un punto en el que ya nada tenía vuelta atrás y Martin había soltado su mano, sin importar lo dura que fuera la caída, pues sabía que Juanjo y su padre estarían abajo para arroparle.
Habría sido todo más sencillo si la comunicación hubiera reinado en esa casa. Pero su madre se había visto desbordada por la fama del momento y la decisión de haber vuelto a asentarse en una ciudad pequeña, con una rutina, y en un Conservatorio que llegó a ver algunos días como demasiado mediocre para su carrera, lo que le acabó llevando a tomar las peores decisiones. Pasar de estar codeándose con importantes músicos, ver su nombre en grandes carteles por todo el mundo para acabar dando clase a niños que, en su gran mayoría no les interesaba la música clásica, si no que lo hacían por pura obligación de sus padres acabó por rematarlo todo. No era una justificación a su comportamiento pero si una explicación lógica, o así lo veía su ex-marido con cierta perspectiva. No supo pedir ayuda, tampoco arroparse en la gente que le quería ni hacer que sus alumnos acabaran enamorados de sus clases, volviéndose una directora estirada y una profesora que todos sus alumnos temían.
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CONTRA LAS CUERDAS
أدب الهواةJuanjo y Martin cruzan caminos en el último curso en el Conservatorio, compartiendo agrupación de cámara. Pronto empiezan las discusiones entre ambos ¿Serán capaces de dejar atrás su ego y trabajar en equipo dejando a un lado sus diferencias?
