Capítulo 47. la graduación

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Las piezas del puzzle estaban empezando a encajar, casi podía verse el cuadro al completo. Juanjo y Martin irradiaban felicidad por todos los poros de su piel. Aprovecharon las dos últimas semanas de curso para tomarse todo con más calma, incluso realizaron un pequeño viaje al País Vasco para visitar pisos cercanos a Musikene.

No tardaron mucho en decidirse por un bonito piso, bastante céntrico, del cual solo tenían que caminar quince minutos para llegar al Conservatorio, y si paseaban un poco más, podrían ver también la playa. Habían aprovechado para visitar a la familia de Martin, con la que Juanjo se había quedado encandilado, especialmente con su abuela que le había adoptado como un nieto más.

Os estaréis preguntando qué ha sido de la madre de Martin. Bueno en realidad sé que la odiáis lo suficiente como para haberla borrado de vuestras mentes, es ese personaje que te gustaría que desapareciera envenenada con una pócima mágica como en las películas de Disney, pero las cosas no funcionan así. El vasco había seguido recibiendo llamadas y mensajes cada día, los cuales ignoraba sin remordimiento alguno. Llegó un momento en el que comenzaron a hacerse más esporádicos, era obvio que su madre se cansaba de mandar mensajes y no recibir respuestas durante un mes entero. Martin también pensaba que si era su madre, un mes no era nada con tal de recuperar la relación con su propio hijo. No le dolió tanto que dejara de insistir, conocía suficiente a su madre como para saber que no iba a rogar mucho tiempo. A pesar de ello, seguía teniendo clavada esa espinita.

Todo lo demás en sus vidas era maravilloso, ambos tenían unos amigos perfectos que apoyaban su relación como nadie, unos padres (a excepción de la madre de Martin) que les incentivaban a ser mejores y que cumplieran su sueño en País Vasco. ¿Qué más se podía pedir?

Casi sin darse cuenta era 25 de mayo. El día de la graduación en el Conservatorio. Finalmente se había decidido por escoger ese día pues era sábado, y así la mayoría de padres podrían acudir a ver a sus hijos. Martin, Álex, Juanjo y Almudena estaban en casa del vasco ese preparándose para el tan ansioso acto.

La rubia estaba rizándose las puntas del pelo después de haberse maquillado durante media hora en la que el resto de chicos hablaban sin cesar. La música del reproductor de Spotify de Álex resonaba por toda la estancia. Estaban cómodos y felices, era obvio que había una sensación de nostalgia instaurada en sus almas pues después de ese acto iban a dejar de verse cada día y eso les apretaba un poco el corazón, sintiendo una presión extraña en el mismo. Sin embargo, eran conscientes de que su amistad traspasaba las cuatro paredes del edificio y sabían que iba a perdurar con los años si sabían cuidarla y mantenerla.

Cuando la rubia regresó del baño con su vestido y tacones puestos se ganó los silbidos de sus dos amigos y la boca abierta de su novio que se acercó a cogerla en brazos y darla vueltas en el dormitorio.

-¡Cuidado Álex, qué me ha costado mucho el maquillaje y el eyeliner!- se quejó la rubia dándole un manotazo.

Álex llevaba un traje gris oscuro con la corbata a juego con el vestido de su novia, es decir, azul oscuro. En el bolsillo de la chaqueta, llevaba un pañuelo del mismo color. Estaba especialmente elegante, acostumbrado a las sudaderas y pantalones de chandal. 

Juanjo, por el contrario, llevaba un traje más arriesgado de color granate que se adaptaba perfectamente a su espalda y sus piernas. No llevaba corbata, lo que le daba un aire más desenfadado. La camisa blanca con varios botones desabrochados estaba volviendo loco a Martin, que no podía dejar de morder su labio inferior con las mejillas calientes. 

El maño le había dedicado varias miradas significativas para que le acompañase al baño. Se fueron de la mano, alegando que necesitaba que le atase los botones entre las risas de sus amigos gritando: "menudo par de sin vergüenzas".

CONTRA LAS CUERDASHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora