Capítulo 46. el viaje a Viena

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El viaje a Viena fue de ensueño. El primer día lo dedicaron prácticamente a acomodarse en la nueva ciudad. Después del vuelo tuvieron que coger un tren que les conducía a un pueblo contiguo a la capital austriaca donde se asentaron durante los cinco días en el hostel más austero y barato que sus profesores encontraron, para que todos los padres pudieran pagarlo. Les dolía el cuello de la posición en la que se habían quedado dormidos todos en el avión, pero aún así no se pudo apagar su ánimo. En el ambiente se podía palpar el nerviosismo y las ganas de disfrutar de los cinco días que tenían por delante. Belén y María iban haciendo fotos con su cámara, querían grabar el viaje al completo y montar un vídeo para el recuerdo.

 Martin y Juanjo permanecieron en su propia burbuja sentados en butacas contiguas y sus cabezas pegadas, mientras disfrutaban del paisaje a través de las ventanas del tren. Sus amigos iban hablando de que cosas querían hacer antes de irse del país, pero los dos chicos no podían estar más sumidos en sus propios pensamientos y lo que acababan de vivir en el avión. Sus corazones aún latían con fuerza y sus manos permanecían más entrelazadas que nunca.

Las habitaciones daban ese aire rústico al lugar, como si hubieras vuelto a la infancia y estuvieras de campamento con tus compañeros de clase. La estancia contaba con amplias literas que chirriaba cada vez que te tumbabas en ellas y seis camas para cada alumno. Olía a viejo y los armarios estaban llenos de polvo pero no pudo importarles menos. Querían disfrutar de la compañía sin pensar en nada. No hacía falta nada más para recordar ese viaje como maravilloso e inolvidable. Desde la ventana se veía un amplio campo verde lleno de árboles al que prometieron bajar la última noche. La ilusión rebosaba sus cuerpos mientras escogían en que litera dormir y deshacían sus maletas para vestirse con algo más elegante para pasar la primera noche en la ópera. El grupo de amigos compartió habitación pero por razones obvias, dos camas quedaron vacías sin utilizarse ninguno de los cinco días del viaje.

Rieron mucho, hicieron fotos y vídeos, jugaron a juegos hasta altas horas de la madrugada probando bebidas alcohólicas, en especial esas latas de cerveza austriaca barata que vendían en el supermercado contiguo al hostel. Hicieron mucho ruido y fueron reñidos en varias ocasiones, pero por suerte el grupo de Juanjo y Martin era el más tranquilo, y al estar su habitación apartada del resto se libraron de muchos de los reproches que sus profesores les comentaban cada mañana cuando desayunaban en el comedor de la planta baja.

Se perdieron entre las calles vienesas, descubrieron los museos de Mozart y Beethoven, acudieron a un musical en alemán, el cual solo entendió Martin por conocer el idioma, vieron un concierto en el famoso Musikverein, donde cada año tiene lugar el concierto de año nuevo y disfrutaron de una cena en un local con música de jazz en directo. Pasaron el penúltimo día visitando el Palacio de Schonbrün, recorriendo su amplio jardín lleno de hectáreas de paseos diferentes y se hicieron una foto en grupo desde lo alto de la colina. También probaron platos típicos como el Apfelstrudel que desagradó por completo a Almudena entre las risas de sus amigos que la grababan en vídeo o se relamieron los labios con el tradicional Kartoffel. Merendaron dulces en un puesto callejero y documentaron todo con mil fotos y vídeos.

Los días pasaban tan rápido que casi sin darse cuenta de que había llegado el último día antes de su regreso a España. Les habían dejado el día libre para hacer lo que quisieran y Juanjo no había dudado en dar una sorpresa a su chico.

Agarró la mano de Martin, después de avisar a su mejor amiga de que iban a hacer un plan a solas, y caminó en dirección al Palacio donde vivió Sissi la Emperatriz. El vasco días previos había dicho cuando pasaron por su lado en dirección a otra actividad, que siempre había querido entrar pero nunca había tenido la oportunidad. Juanjo se apuntó el dato y aprovechó las tres horas libres que tenían hasta volver al hostel para sorprender al vasco.

CONTRA LAS CUERDASHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora