Capítulo 44. la prueba final

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Las pruebas teóricas fueron sobre ruedas. Nada más leer la primera pregunta del examen de historia de la música: "resume brevemente los principales hitos históricos en la vida de Beethoven" fue imposible que ambos chicos no se miraran, como dos imanes que se atraen sin querer, sin importar donde se encontrasen ni con quien. Habían pasado muchas horas haciendo que el vasco recordase la vida de Bethoveen punto por punto, de tal forma que ahora ambos se lo sabían al dedillo. Les dio la risa, pero tuvieron que aguantarse por la situación en la que se encontraban y dedicarse una mirada cargada de muchas cosas, a través de la distancia. Era imposible que dos almas tan puras no bordasen un examen como ese. Era imposible que su historia no terminase bien. Se lo merecían.

Después de casi cuatro horas en las que realizaron ambos exámenes, historia de la música y análisis de una partitura barroca, ambos salieron viendo destensados sus hombros. Aún les quedaban unos pocos nervios en el estómago pues, después de comer, comenzarían a realizarse las pruebas instrumentales.

Juanjo fue el primero en salir del aula del examen, abanicándose las manos acalorado. Sus mejillas rojas redondeadas le delataban. Había estado concentradísimo para dar lo mejor de sí. De pronto sintió unos brazos rodeándole el cuello por la espalda.

Se giró asustado, era Martin.

-Mi amor, ¡que ya casi somos libres!- dijo tirándose encima del cuerpo de Juanjo, entrelazando sus piernas en la cintura del maño.

Juanjo se rió y dejó un suave beso sobre su mejilla mientras el resto de estudiantes abandonaban el edificio. Ellos estaban en su propia burbuja. Les daba igual si alguien podía estar mirándoles. Caminaron dados de la mano en dirección a la calle, dispuestos a buscar un sitio donde comer.

-Mi madre quiere conocerte...- explicó Juanjo.

-¿Ah sí? - preguntó con los ojos brillantes.

-Sí - dijo tímidamente.

-Guay, ¡qué ilusión que hayan decidido aceptar tus decisiones mi amor! Estoy muy feliz por ti - se sinceró el vasco.

Al abandonar el edificio, los padres de Juanjo estaban sentados en un banco. Expectantes. Su madre leía distraídamente un libro mientras su padre tenía un periódico entre las manos. El maño no pudo evitar emocionarse. Llevaban cuatro horas esperando a que saliera para ver que tal le había ido. Jamás se había sentido tan apoyado. No pudo reprimir la sonrisa que asomaba en su rostro. Martin lo notó al instante.

-Ve - susurró Martin apretando fuerte su mano para evitar que se perdiera en sus pensamientos.

-Ven conmigo - pidió Juanjo con una sonrisa en la boca.

-¿Estás seguro mi vida? - preguntó Martin con duda.

-Nunca lo he estado tanto cariño.

Los dos caminaron con las manos entrelazadas, como siempre hacían, hasta el banco en que estaban los padres de Juanjo. Martin estaba claramente nervioso. El maño le echó una mirada rápida muerto de amor y le apretó la mano con fuerza.

-Tranquilo mi vida- susurró Juanjo- mi madre te va a adoptar en cuando digas hola.

Sus padres cerraron sus respectivas lecturas en cuanto se percataron que estaban caminando hacia ellos. Cuando estuvieron más cerca se levantaron del banco.

-Hola - dijo tímidamente Juanjo, sin soltar el agarre de la mano de Martin.

-¿Cómo ha ido el examen chicos? - preguntó Ángela.

-Muy bien - respondió rápidamente Juanjo.

-Mejor que bien - añadió Martin dedicándole una sonrisa cómplice.

CONTRA LAS CUERDASHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora