Hola! Quiero avisar de que este capítulo intercala momentos de la vida de Martin actual con flashbacks del pasado. Puede ser duro lo que sucede, espero que no os incomode!
La realidad es que existen muchos profesores hoy en día que siguen siendo así y no tienen ni un ápice de empatía por sus alumnos.
Espero que os ayude un poco más a entenderle!!! <3
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Eran las 10 de la mañana del 4 de enero. Martin estaba vestido con ropa cómoda, unos pantalones anchos y una camisa térmica blanca que se ajustaba perfectamente a sus tonificados brazos. Tenía el semblante serio y los labios apretados, fruto de la intensidad del momento.
Estaba en el despacho de su madre rodeado únicamente por el silencio y el ruido de su violín. En la estancia hacía bastante calor, el vasco no sabía si era por el agobio del momento o que la calefacción estaba puesta a 100ºC. El contraste con la calle era visible pues las ventanas estaban empañadas y la oscuridad aún estaba presente a pesar de ser media mañana. Hoy no iba a ser un buen día para salir a pasear con Juanjo fue uno de los pensamientos fugaces que aparecieron en la mente del vasco aquella mañana.
El movimiento del arco de Martin con su anillo plateado en el dedo anular brillaba con insistencia, reflejándose en el amplio ventanal del despacho. El flequillo del vasco se movía impulsivamente con el movimiento de su cuerpo al compás de la Fuga en Sol menor de Bach que estaba sonando en la casa familiar del vasco.
Su madre estaba sentada junto a la gran mesa, en un amplio sillón verde oscuro. Tenía una libreta entre las manos y el bolígrafo que utilizaba para tomar notas, había caído hacía un rato al suelo. No había intentado recogerle, estaba demasiado concentrada en la partitura. Su postura indicaba nerviosismo e intranquilidad. Todo su torso estaba echado hacia delante, apoyando los codos en sus muslos. Tenía el ceño ligeramente fruncido. El pie derecho iba marcando el ritmo que Martin casi no era capaz de seguir.
El vasco ni si quiera había querido buscar la mirada de su madre mientras tocaba, concentrado en perderse en todo el pasaje de semicorcheas, blancas y dobles cuerdas. Su madre siempre hacía lo mismo desde que tenía uso de razón, unos días antes de finalizar cualquier período vacacional le hacía un examen intensivo de lo que había estado estudiando y hoy, no iba a ser menos.
Sus primeros recuerdos de este tipo de exámenes eran agridulces. Le evocaban ponerse extremadamente nervioso cuando era más pequeño. Esto se debía a que ella solía ser bastante estricta en su enseñanza. Daba igual que fuera su madre, cuando ambos cruzaban las cuatro paredes de ese despacho se convertían en profesor y alumno, sin importar la relación de parentesco que hubiera entre ambos.
Aún recuerda cómo si fuera ayer el verano en que cumplió los doce años. Martin se sentía perdido y sin rumbo sin su mejor amigo. Las horas de estudio eran poco fructíferas, además de que había empezado a desarrollar cierto rechazo por su instrumento. Estudiaba lo mínimo sin encontrar la pasión por lo que hacía. Solo le traía recuerdos con Sergio y él quería olvidarle, por eso a su corta edad pensó que dejar de ensayar era lo mejor para pasar página en su amistad con Sergio.
Lo que no vio venir fueron las palabras de su madre aquel día caluroso de agosto.
-¡Qué puta mierda ha sido esto! - gritaba llena de cólera - yo no te he enseñado a tocar así. ¿Quién te crees para desperdiciar todas las clases que te he ido dando este verano? No has estudiado nada Martin, ¡eres un vago!- seguía chillando cada vez más enrrabietada.
Martin solo supo mantenerse en el sitio, estático. Aguantó estoicamente el aluvión de misiles y dardos envenenados que su madre le lanzaba sin piedad. Estaba fuera de sí. Porque eso había aprendido desde bien pequeño, que la vida era una puta mierda y que cuando eres estudiante y además, músico debías aguantar todo tipo de acusaciones. Según decía su madre, ella aguantó lo mismo o más. "Estáis entre algodones hoy en día hijo" solía decirle siempre, "si tuvieras que aguantar la mitad de lo que he aguantado yo no seguirías tocando el violín, ya te lo digo yo", repetía. Y Martin a parte de aguantar, era cabezón y orgulloso. Por eso soportaba todo eso sin mostrar un ápice de dolor, no pensaba darle el gusto a su madre de verle derramar ni una triste lágrima por ella.
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CONTRA LAS CUERDAS
FanfictionJuanjo y Martin cruzan caminos en el último curso en el Conservatorio, compartiendo agrupación de cámara. Pronto empiezan las discusiones entre ambos ¿Serán capaces de dejar atrás su ego y trabajar en equipo dejando a un lado sus diferencias?
