Capítulo 46 • Salvarme, salvarnos.

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Había días que cuestionaba mi estadía aquí, sentía que no estaba sanando, solo retrocedía y eso me molestaba, porque no podía evitar sentirme impotente ante las situaciones que me tiraban fuertemente al suelo

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Había días que cuestionaba mi estadía aquí, sentía que no estaba sanando, solo retrocedía y eso me molestaba, porque no podía evitar sentirme impotente ante las situaciones que me tiraban fuertemente al suelo. A veces sentía que no podía encontrar paz en ningún lado, pero todo cambió cuando apareció Mateo...
Entonces la tormenta fue peor y él era aquel ojo del huracán donde hay un respiro y todo es calma, pero todo eso es momentáneo porque la tormenta sigue ahí, nada frena...
En ese momento que llegó a mi vida solo quería conocerlo mejor, pero llegué a un punto que sabía que si me quedaba alguno de los dos iba a salir lastimado, entonces la mejor manera de solucionarlo era huir; porque de así podía salvarme, salvarnos.
Estaba salvándome como podía, y huir fue la mejor opción, porque quizá no podía soportar o tal vez no sabía que era tener a alguien que se quede y no está obligado a hacerlo.
Estaba tan absorta en mis pensamientos que no me di cuenta que ya había preparado el lugar para investigar, mucho menos me di cuenta que tía Iara se encontraba en mi habitación.

—Rebbe, Becks, Rebbequita, Di'Angelo, te estoy hablando —hablo intentando llamar mi atención.

—Te escucho tía —dije ahora y ella sonrío.

—Vamos a salir —respondió rápidamente y negué con esto su sonrisa se desvaneció—. Rebbe, por favor —exclamo nuevamente insistiendo, ella quería que salga de mi cueva armada por libros cerrados y algunas anotaciones en post-it que había hecho el día anterior sobre animales, todo estaba sobre mi cama.

—No tía, acabo de descubrir un dato que no sabia sobre los...

—Alto —gritó interrumpiéndome y la mire confundida—, no sigas, porque no voy a lograr mi objetivo de hoy si continuas hablando —se acerco a mi lado y comienza a guardar ordenadamente todo lo que me rodea. Iara nunca fue una persona que se destacara por ser ordenada, así que debía ser algo importante.

—¿A dónde? —pregunté ahora si concentrándome solo en ella.

—A donde nos lleve el viento y nos guie el corazón —dijo orgullosa.

—¿Apostaste con Samara? —esto era algo común en mi casa, quien logra que salga la que nunca sale... gana.

—No, con tu madre —respondió y reí, también era esperable de ella—, pero no es el caso. Vamos a salir a un lugar que no sea la biblioteca —Iara era todo lo contrario a mi, quizá por eso era mi tía favorita (espero que ninguno de mis tías se entere de esto). La mire y estaba observando cada uno de mis movimientos, suspire y me desplace hacia el borde de la cama para pararme. 

—Esta bien, sal de mi habitación —dije y ella salió con una sonrisa triunfante. Me cambié mi pijama por una ropa decente con la cual salir a la calle y una vez lista salí del cuarto, donde al lado de la puerta me esperaba Iara sosteniendo el celular mientras sonreía, entrecerré los ojos, ella al ver mi expresión rodó los ojos. 

—Es tu madre, no pienses cosas raras, ya sabes que seré la tía millonaria que los llevará siempre de viaje.

—Esta bien —respondí aun dudando si creer aquello. Aunque conociendo su inexistente vida amorosa, era 100% probable que sea mi madre— ¿A dónde vamos? 

—Que siendo un extraño, te dije: "te amo, te he estado buscando por más de mil años" Y tú respondiste: "¿a dónde vamos?" —cantó Iara "¿A dónde vamos?" de Morat. Sí, así era ella.

—Muy linda canción, ahora... ¿hacía dónde nos dirigimos? —reformule mi pregunta para que no vuelva a cantar. 

—De paseo, ¿a dónde más? Primero por un helado —dijo sonriendo. Ya no era invierno para tomar helado, ahora hacia mucho calor.

—Esta bien —dije siguiendo su camino, ambas salimos de la casa y cerramos con llave. 

El aire afuera era caluroso, a pesar de que era tarde. Caminamos unas calles mirando vidrieras, creo que ahora entendía porque la tía había aceptado esta apuesta, tenía miedo de que no salga y me encuentre mal. Iara era muy observadora, ella sabía a que hora me dormía o hacía donde salía, no porque sea controladora, sino que le importaba, estaba notando que me estaba aislando. Siendo sincera yo también lo estaba notando, pero tampoco había muchos lugares donde pudiera ir, porque además de ser nueva en la ciudad, no conocía a nadie que no sea Iara y la tía Matilde, pero esta última se encontraba en otro país por una beca de su profesión. Así que la única opción era salir sola a la biblioteca, donde allí podía prepararme para los futuros exámenes. 
El hecho de que ella lo haya notado me alegraba, porque eso significaba que no estaba sola como lo había pensado.

Mi vista se detuvo en algo que llamo mi completa atención, en la vidriera de una tienda había una libreta negra que traía dibujadas mariposas, se veía tan hermosa. Le indique a la tía que entraría allí y ella me dijo que me esperaría fuera. Al entrar una chica de más o menos mi edad me sonrió amablemente, le devolví la sonrisa indicando que quería aquella libreta de la vidriera, y al pasar unos minutos luego de pagar y que la envolvieran en paquete de regalo salí del lugar. Iara me esperaba fuera, en su mano traía una bolsa que anteriormente no estaba allí.

—¿Y eso? —pregunté curiosa.

—Un regalo —respondio con indiferencia.

—Estamos iguales —levante la mano que traía el regalo para Mateo y ella sonrió.

—Tengo que comprar muchos más —dijimos las dos al mismo tiempo en un suspiro y comenzamos a reír.

El resto del día transcurrió de la misma forma, caminábamos por las tiendas y si había algo de nuestro interés lo comprábamos para regalar a nuestra numerosa familia. Por primera vez después de tanto tiempo sentía ese alivio en el pecho, eso que me hacía saber que lo estaba haciendo bien.

Y en mi cabeza, se cruzó un pensamiento... Quizá ya era hora de volver.

Valle de la Felicidad. [EUMCEE 2]©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora