(2) 33. Condiciones

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 –Tal vez... lo mejor sería que me marchara –consideró Balt–. No quiero daros problemas.

–Pero también quieres quedarte, ¿no? –plantearon Rosa–. Quieres tener tu propia torrecilla, hacer brujerías a tu aire, conocer gente nueva, ¿verdad? –continuaron mirándola con ojos brillantes, literalmente brillantes, fulgurantes.

–Eh... sí, pero...

–Pues si quieres, puedes –declararon convencidas.

A Balt se le escapó una risita nerviosa.

–Oh, no, da igual lo que yo quiera. Si mi madre...

–Sí que importa –interrumpieron Rosa cogiéndole las manos–. Y aquí, en esta residencia, importa incluso más.

–¡¿Ah?! –exclamó Balt sin comprender.

–¿Qué os parecería hablarle de vuestros poderes demoníacos? –propuso Violet tomándose otra taza de café.

–Ah, sí, la parte demonio es de los deseos –proclamaron con orgullo–. Hacemos realidad los deseos de la gente.

–Ah... –murmuró Balt mirando de reojo a Violet–. He oído historias sobre demonios que conceden deseos... y no suele salir bien para la parte humana.

–Sí, parte de nuestra familia se divierte retorciendo los deseos de las almas mortales –asintieron Rosa–. Pero nosotras somos buenas, disfrutamos haciendo feliz a la gente. Para jugar ya hay almas mezquinas de sobra.

–A-Ah... –continuó balbuceando Balt mirando a Violet.

–¿Acaso te fiarías de mi palabra? –cuestionó Violet.

La bruja cerró los ojos, visiblemente atacada por las dudas.

–N-No lo sé...

–Ya, siempre has hecho lo que tu madre te manda –dijo Violet.

–¡Y por eso te vendrá bien quedarte aquí! –exclamaron Rosa.

–No nos comeremos tu alma –prometió Violet–. Al menos mientras cumplas unas condiciones.

–¿Qué condiciones?

–En mi caso, que no hagas ruidos fuertes ni me visites durante el día, y que no me salpiques de sangre. Porque te hagas un corte en mi presencia no pasará nada.

–V-Vale.

–Y en el caso de Rosa, creo que bastará con que no hagas ningún trato con ellas y que no desees nada dañino. ¿No? –añadió para Rosa, que asintieron.

–Pero... ¿Quedarme aquí no es como un trato? –preguntó Balt suspicaz.

–No mientras no nos demos la mano, en plan estrecharla, firmes un contrato con tu nombre o sangre o sigas cualquiera de las modalidades de cerrar tratos –contestaron Rosa–. Si no, simplemente has decidido quedarte aquí, en esta casa que no es nuestra, ser compas y divertirnos –terminaron sonriendo ampliamente.

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Una parte de mí opina que sí, que debe de ser divertido vivir con Rosa, pero otra parte de mí se muere de la ansiedad con toda esta aleatoriedad y el apañar cosas sobre la marcha.

Tag yourself, yo soy una mezcla de Violet y Balt X"D

La ResidenciaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora