(6) 37. La misión

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A media mañana estaba Balt sentada en el porche rodeada de pedazos de tronco de distintos tamaños y con todo un set en reluciente rosa de instrumentos para tallar madera.

–No es que sea muy buena, me queda mucho que aprender –les insistió a Rosa.

–Confiamos en ti, seguro que sabes más que nosotras.

–Ah... vale. Pero antes de irte... ¿Este sello os haría daño a vosotras o Violet? –preguntó mostrándole una ilustración de un viejo libro que había llevado en la maleta.

–Mmmh, no –contestaron Rosa y pusieron una mano sobre la página–. No, está bien. Tú dale –la animaron antes de ir mover cientos de kilos de tierra, derribar árboles y correr con cables por toda la mansión.

Balt se encogió de hombros y empezó esbozando las formas del sello con un lápiz.

–Hola, ¿entonces te vas a quedar? –acudió a interesarse Chispas cuando la bruja había pasado a tallar.

–Eh... sí, al menos unos días –musitó incómoda, porque en realidad no tenía ni idea de qué iba a hacer.

–Guay, guay. ¿Te importa si me siento a tu lado? –preguntó cuando ya lo estaba haciendo–. Tengo que descansar un rato. Y la comida llegará en un momento.

Balt asistió a cómo un repartidor llegaba con el coche repleto de comida y bebida para cuatro personas, y un café que Rosa dispusieron ceremoniosamente a un lado, y por ello recibía unos cuantos billetes para cubrir de sobra el pedido. Pero esta vez Rosa no le permitieron irse tan rápido.

–Quédate un momento, ¿quieres algo de comer o beber? –invitaron Rosa–. Balt, ve comiendo, que vas a ir de misión.

–¿Ah? –exclamó aturdida.

–¿Qué te parece si llevas a nuestra amiga al pueblo y luego la vuelves a traer para la cena? –propusieron Rosa añadiendo un par de billetes más.

El repartidor estuvo de acuerdo con el trato y aceptó el dinero y el apretón de manos.

–¿Qué te parece bajar al pueblo a comprar cosas? –pasaron a proponerle a Balt tendiéndole más dinero.

–Ah... Le has dado la mano –señaló recordando las condiciones.

–Sí, bien visto –apreciaron guiñándole un ojo–. Así nos aseguramos de que vuelves sana y salva.

Y así fue cómo, tras comer rápidamente, Balt acabó en el coche de otro repartidor, encomendada con la misión de traer cosas que hicieran la mansión más habitable.

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Venga, que esto marcha, esto fluye.
Todo va chachi =D

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