(28) 59. Azul glacial

8 2 0
                                        

La luz azul invadió el interior de la mansión como si la estuvieran abduciendo extraterrestres y una silueta oscura se recortó en la puerta, echó un vistazo arriba y entró.

–Hija, ¿a quién pretendes detener con esa birria de sello? –preguntó desdeñosa la mujer.

–Es contra las malas intenciones –se defendió Balt.

–Con ese tamaño no detendría a nadie ni aunque proclamaran en alto esas intenciones.

–No avances –ordenaron Rosa–. No queremos que avances.

La bruja con aura azul se chocó contra una barrera rosada.

–Pfff, menuda birria. Aunque precisamente por lo patética que eres no te he aniquilado todavía –aseguró empujando la barrera con dedo y quebrándola como si fuera de azúcar.

–No queremos que avances –insistieron Rosa en vano.

–No queremos que avances –repitió Violet surgiendo de la oscuridad de la mansión con un café humeante en la mano.

La barrera se restauró, para frustración de la poderosa bruja.

–No queremos que avances –coreó Liath al comprender y la madre de Balt incluso tuvo que dar un paso atrás.

–Un truquito penoso –opinó la bruja de aura azul.

–Mamá, por favor –empezó Balt.

–Ven aquí ahora mismo, Cobalto –ordenó la mujer–. Se acabó tu pataleta. Ven conmigo o quemaré esta pocilga hasta los cimientos –amenazó creando llamas azules en las manos.

–¡¿Qué?! ¡No! –exclamó espantada.

–Pues ven aquí.

La joven bruja dudó visiblemente.

–Recuerda, mereces vivir tu vida, no la marcada por otra persona.

–¡Soy su madre, chupasangre!

–He conocido a muchas madres y tu estilo no da los mejores resultados –aseguró Violet dando un sorbo a su café–. Y no dejaré que te la lleves contra su voluntad.

–¿ vas a oponerte a mí? Si no eres más que un saco de huesos decrépito.

–¿Acaso vas a usar la fuerza bruta para llevarte a tu hija?

–Hago lo mejor para ella.

–¿En serio? ¿Quieres hacer lo mejor para ella? –cuestionó Violet escéptica.

–Claro que quiero –contestó airada–. Vas a decirme tú qué es lo mejor.

–Oh, no, pero tal vez lo que quieres te dé una sorpresa –comentó como si nada.

La poderosa bruja le echó una mirada extrañada, antes de decidir desentenderse de ella y centrarse en su hija.

–Cobalto... –empezó amenazante.

–Quiero quedarme aquí –soltó por fin Balt y el fulgor rosado volvió a inundar el salón, rivalizando con la fría luz azul.

____________________________________

¡Balt, recuerda que si quieres, puedes!

La ResidenciaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora