(18) 49. Techo y cama

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–Espero que tu cuarto no sea uno de los que hemos dejado sin cama –desearon Rosa mientras subían con Liath las escaleras.

–Sí, he visto que estáis sacando la basura.

–Si hemos tirado tu cama o quieres una mejor, podemos crearte una para salir del apuro.

–¿Gratis?

–No nos quedaremos con tu alma por una cama –se rieron Rosa–. Queremos hacer tu estancia más cómoda y, a cambio, esperamos que tú hagas lo mismo con las demás.

–Mmmh, ¿limpiar y arreglar esto?

–Sí, dentro de tus capacidades y gustos.

–La verdad es que tengo algunas ideas, llevo tiempo pensando que este lugar ganaría mucho con unos arreglos, pero nadie en mi manada está por la labor –le confió Liath–. Y también está el asunto de que está maldita.

–Entre todas haremos un lugar mejor –prometieron Rosa.

–Pues ésta es, creo, porque yo me colaba por la ventana –señaló Liath apoyándose contra el marco carcomido de la puerta–. Y veo que es una de las que le habéis tirado la cama. Aunque da igual, porque esa cosa se combaba con mi peso.

–Vale, pues piensa en tu cama ideal y deséala –indicaron Rosa.

Liath hizo una mueca como si dudara que fuera a ser tan fácil, pero debió de desearlo, porque la basura que quedaba en la habitación explotó en una nube de purpurina rosa y se convirtió en una buen colchón enfundado en sábanas fucsias sobre una gruesa tabla rosada colocada directamente sobre la tarima adecentada con costurones rosas. La habitación también tenía cortinas a juego y cuadros de paisajes monocromo en el lugar de las manchas de humedad.

–¿Todo lo que hacéis es rosa? –cuestionó Liath.

–Sí, si quieres otras cosas tendrás que traértelas, crearlas tú o comprarlas.

–Vale, por lo menos tiene buena pinta.

–Ahí al lado tienes ya montado un baño para asearte y al fondo del pasillo es donde duerme Balt.

–¿Y el resto?

–Violet en el sótano, que no se debe visitar durante el día, y nosotras donde caigamos.

–Mmmh, de acuerdo. Buenas noches.

–Oh –se escuchó decir a Balt.

–Vais a ser vecinas de pasillo –informaron alegremente Rosa.

–¿Dónde has dejado a la pelusa? –se interesó Liath.

–Violet dice que se quedará vigilándolo por la noche. Mañana tengo que llevarlo a la clínica veterinaria.

–Bien –aceptó Liath entrando en su habitación.

Rosa se sonrieron y bajaron a la planta principal.

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Mmmh, ¿cuántas habitaciones podrían crear Rosa antes de que supusiera un problema?
*emogi de pensar*

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