(22) 53. La invitada

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El grupo se reunió en el salón, que Rosa habían iluminado con lámparas rosadas, las butacas eran de un reluciente rosa chicle y las alfombras fucsias parecían nuevas sobre el entarimado rosa pastel.

La recién llegada se había sentado en un tresillo junto a Violet y debajo de la chaqueta llevaba uniforme azulado de enfermera. El resto se había sentado cerrando el círculo en expectante e incómodo silencio.

–Hola, somos Rosa y llevamos esta Residencia –se presentaron alegremente ofreciéndole lo que había quedado de la comida y la cena.

La Enfermera miró de reojo a Violet.

–Son la fusión de un demonio y una humana –explicó la vampira–. Esto de residencia tiene poco, pero vi su anuncio y vine a alojarme aquí.

–No será el lugar más raro en el que te has alojado –contestó la Enfermera–. Aunque sí el más concurrido. Y rosa –añadió y cogió una porción de pizza.

–Ya, pese a no ser una residencia oficial, va llegando gente. Ah, y la parte demoníaca de Rosa es un demonio de los deseos, así que ten cuidado con lo que deseas.

–¿Porque retuercen los deseos?

–No tanto como eso, pero tienen el poder de atraer personas, gatos, lluvia...

–¿Y crear mobiliario extremadamente rosa?

–Sí –reivindicaron orgullosas.

–¿Y esto es así de continuo o es por mí? –planteó la Enfermera.

–Queremos que estés cómoda –les respondieron Rosa.

–No te molestes por mí, no puede ser peor que mi apartamento –contestó cogiendo unas patatas.

En un parpadeo, la magia de Rosa cayó como un velo y dejó a la vista el salón desastrado en penumbra.

–Vale, sí que es algo peor que mi apartamento –reconoció la invitada.

Rosa devolvieron los efectos especiales, pero los dejaron a medias, con menos lámparas, los muebles que no usaban estaban cubiertos por sábanas rosas y alfombras quedaron deslustradas.

–Tu habitación estará bien surtida –le aseguraron Rosa.

–Gracias. Si yo lo único que quiero es comer y dormir hasta...

–Cuidado –interrumpió Violet–. Con lo que deseas.

–Uy, es verdad –recordó la Enfermera–. Hasta las nueve, me gustaría dormir hasta las nueve de la mañana de mañana –puntualizó con cuidado y pilló algo de ensalada.

–¿Y de qué os conocéis? –preguntaron Rosa.

–Es una larga historia –suspiró la invitada.

–Sí, muy larga, así que dejadla descansar –ordenó Violet.

Rosa pusieron morritos, pero no insistieron.

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No tengo pensado un arco argumental entero a cuenta de la Enfermera ni nada, qué va.
No para ahora, para más adelante.

La ResidenciaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora