(14) 45. Las consecuencias

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En la reunión nocturna, las tres (o cuatro) residentes estaban sentadas en torno a la mesa de la cocina. Sobre ella había un nido hecho con recortes de tela azul en el que habían acomodado al gatito que dormía después de haber llenado la tripa con la comida creada por Rosa.

–Esto es culpa vuestra –acusó Violet muy seria y Balt bajó la cabeza culpable–. Lo habéis invocado –añadió con saña para Rosa.

–Nosotras no, no hemos deseado activamente que aparezca un gatito –se excusaron.

–Y-Yo tampoco lo he deseado –aseguró Balt.

Violet la miró enarcando las cejas unos milímetros.

–De verdad –insistió apurada la bruja.

–En realidad sí que lo has deseado –contestaron Rosa–. Esos días en los que no te decidías a pedirlo en alto lo ibas pidiendo mentalmente, y nuestro poder reacciona a ello queramos o no.

Balt las miró con una mezcla de espanto, pena y culpabilidad.

–Y por eso te dije que una de las condiciones era que tuvieras mucho cuidado con lo que deseas cerca de ellas –recordó Violet.

–Lo siento mucho –murmuró cabizbaja.

–En fin, ya está hecho –suspiró la vampira–. Y espero que el animal estuviera ya así y vuestro poder lo haya atraído, no que le haya provocado todo esto.

–Ah, no, dudamos mucho haber hecho daño al gatito. Será como Balt, que estaba mal donde estaba y la hicimos venir.

–¿M-Me hicisteis venir? –se sorprendió la bruja.

–¿Qué ocurrió para que te fueras de casa? –se interesaron Rosa.

–Ah... Pues... que el otro día fue mi decimoctavo cumpleaños y... me esperaba que mi madre cambiara un poco su actitud, que confiara más en mis aptitudes, pero se limitó a ponerme más obligaciones y seguir tratándome como a una cría boba. Y estaba muy triste en mi cuarto cuando sentí... que debía escaparme y viajar en esta dirección. ¿Eso lo hizo vuestro poder? –preguntó impactada.

–Lo de atraer hacia aquí sí –contestaron orgullosas–. Pero no apuntamos concretamente a ti, simplemente pedimos que viniera una nueva amiga que nos quisiera ayudar con la mansión.

–Que sea tan aleatorio me pone nerviosa –confesó Violet dando un sorbo de su café–. ¿Sería mucho pedir que no lo hicierais más?

–Pues de hecho... –empezaron Rosa.

–¿Qué habéis hecho? –siseó Violet.

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¡Oh, no, Rosa, ¿qué habéis hecho?

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