Rosa no pararon quietas. Ampliaron la zanja por la que irían las tuberías desde el depósito hasta la casa. Talaron un árbol y la volvieron a liar con el aterrizaje. Se asomaron a la fosa séptica y encendieron un fueguito rosa sin que explotara y así contemplar el lodo negro. Arrancaron más metros de cable. Animaron a Mario soltándole un puñado de billetes. Cortaron otro árbol. Le dieron un masajito a Chispas, que instala cables por el salón, con sus salidas para enchufes y lámparas. Lanzaron una cama roñosa por una ventana. Eligieron la cena junto con Chispas. Clavaron un palo con un cartel para marcar el único punto del jardín donde había cobertura. Y estaban volviendo a empuñar el hacha cuando vieron acercarse un coche, así que se detuvieron para evitar accidentes.
Mientras, Balt se bajó del coche del repartidor en la plaza del pueblo a los pies de la Colina Terrorífica y empezó a vagar por allí. Fue mirando los escaparates de las tiendas y, tras dudar, contempló el fajo de billetes que le habían entregado Rosa y se decidió a empezar a gastarlo. Entró en una mercería y salió con dos rollos de tela de dos tonos de azul diferentes. Después pasó por un supermercado y comenzó a llenar el carrito de comida, pero luego recordó cómo estaba realmente la cocina y devolvió a su sitio lo que requería frigorífico. Cogió un par de botes de cacao y después un paquete de café por si acaso. Tras las compras generales, se compró un helado y se sentó en un parque a descansar. E iba de regreso cargada de bolsas y rollos de tela cuando vio otro escaparate que llamó su atención. Había gatitos, a los que Balt miró con ojos brillantes.
Tiempo después, cuando el coche del repartidor regresó a la mansión, no sólo descargaron la cena, también todo lo que había comprado Balt.
–¡Oh, telas! –exclamaron Rosa al ver los rollos.
–Sí, sé coser más o menos, así que me voy a hacer las cortinas y cosas así.
–¡Nos encanta! –celebraron levantando los rollos como si fueran trofeos.
Tras la cena, Chispas y Mario se marcharon y las residentes entraron en casa. Recibieron a Violet con el café que se empeñaban en pedir Rosa, la cafetera llena y humeante y el paquete comprado por Balt.
–Gracias –dijo la vampira tras tomarse el café helado por llevar horas esperando seguido del café hirviendo por llevar hecho escasos minutos–. Nos llevaremos bien –añadió en referencia al paquete.
–D-De nada –balbuceó Balt, turbada porque un pequeño esfuerzo le fuera reconocido.
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Awwww, qué bonito UwU
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La Residencia
HumorRollo sitcom de capítulos cortísimos con demonios, vampiras, brujas.. Una colección de personajes basados en un meme de "decidme qué vibes os doy" y que van a compartir casa. Minicapítulo cada día de octubre. Portada por Ana Castillo
