Una semana después, la pila de basura había cambiado de forma y contenido porque Liath había alquilado días atrás una camioneta y se había llevado un buen pedazo, pero Rosa no habían parado de sacar más y más basura. Sin la intervención de Liath, la montaña hubiera llegado a la altura del primer piso.
Era una mañana soleada de finales de verano, con algunas nubes blancas y algodonosas surcando el cielo azul claro. Balt y Liath seguían tallando sellos en las tablas, que formaban otra montonera creciente más junto al bosque.
–¿Entonces... anoche no te molesté? –preguntó la licántropa con cautela.
–No te oí prácticamente –contestó Balt–. Puede que algún aullido, aunque no tenía claro si eras tú, otra... o lobos que son lobos todo el mes.
–Oh, no, desgraciadamente, hace casi dos siglos que no hay de esos lobos por esta zona.
–Y... ¿puede que te oyera casi cerca del amanecer usando el baño? –planteó la bruja–. Porque no sé si Violet y Rosa lo usan...
–Nosotras nos vamos al bosque –contestaron Rosa de pasada entrando en la mansión.
–Sí, he vuelto cerca del amanecer, ya a dos patas y... la boca me sabía rara, a saber qué he mordido, así que he estado haciendo gárgaras. Perdón por haberte despertado.
–Ah, no ha sido nada, sólo he oído el agua correr –contestó Balt sonriéndole, sin confesarle que había estado un poco nerviosa por cómo sería convivir con una licántropa en luna llena.
–Bueno, pues con esto ya tenemos de sobra para tu cuarto –consideró Liath terminando un sello.
–¿Mi cuarto? ¿Quieres empezar por mi cuarto? –preguntó Balt.
–¿Te parece mal? Rosa pueden moverte el dormitorio con un chasquido, ¿no?
–Y sin chasquido también –añadieron las mentadas sacando un lavabo roñoso.
–P-Pero... ¿no deberíamos empezar por una zona común? No sé estaría bien empezar por lo mío, sería egoísta.
–¿Cuántas veces tenemos que repetirte que lo que arregles en tu cuarto nos quita trabajo? –recordaron Rosa.
–A-Ah, sí.
–Mira, empezamos por tu cuarto y seguimos con el pasillo hasta mi cuarto, y también hacemos la habitación donde durmió la Enfermera, por si se vuelve a quedar o llega otra –propuso Liath.
–Nos parece estupendo –contestaron Rosa levantando los pulgares–. Movemos tu cuarto a otro sitio, ¿vale, Balt? Aunque las cortinas y tus cosas mejor cógelas tú.
–Sí, voy –musitó distraída–. Es que estaba pensando que... ¿no tendrían que haber llegado Chispas y Mario hace rato?
–Pues sí –cayeron en la cuenta Rosa–. Tal vez les haya surgido algo y como aquí estamos incomunicadas... Vamos a tener que dejar un teléfono en el punto de cobertura.
–Pues sería una buena idea, sí –consideró Liath subiendo al primer piso.
Balt sacó sus cosas de su dormitorio y de repente éste era un cuarto lúgubre y decrépito. La bruja prefirió no mirarlo mucho y fue a dejar sus pertenencias en el nuevo cuarto rosa. De mientras, Rosa y Liath empezaron arrastrar muebles carcomidos para añadirlos a la pila de basura.
Entonces vieron acercarse a tres personas caminando, dos de ellas ya las conocían, eran Chispas y Mario, sin el coche. La tercera era una joven en vestido amarillo y con una maleta de mano. Rosa fueron a saludar animadas y súbitamente uno de las árboles de la linde del bosque se partió y cayó sobre ellas.
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Un final impactante, ¿verdad? ;D
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La Residencia
HumorRollo sitcom de capítulos cortísimos con demonios, vampiras, brujas.. Una colección de personajes basados en un meme de "decidme qué vibes os doy" y que van a compartir casa. Minicapítulo cada día de octubre. Portada por Ana Castillo
