–Ey, ¿qué te parecería ir al pueblo y comprarte una máquina de coser? –propusieron Rosa a la mañana siguiente.
–¿S-Sí? No quiero abusar –contestó Balt dejando de coser a mano al ser interrumpida por un fajo de billetes.
–No pretenderás hacer todas las cortinas de la casa a mano, ¿verdad?
–¿T-Todas las cortinas? –balbuceó impactada.
–¿Ves? Mejor vas a por esa máquina –indicaron y en cuanto les llevaron la comida, Rosa repitió la jugada de usar a la repartidora como taxista.
Mientras Balt se marchaba, en el horizonte más allá de los árboles comenzaban a acumularse las nubes.
–Un tanque de agua para limpiar el depósito no –le dijeron Rosa a Mario, hacha en mano–. Pero uno para vaciar la fosa séptica sí que vendría bien. Recomiéndanos a alguien. ¿Ocurre algo? –terminaron al fijarse en su cara.
–No... Sólo pensaba en lo fácil que talas esos árboles tan grandes...
–Ah, creo que fuimos leñadoras en otra vida –contestaron alegremente.
–...y entonces me ha parecido ver a alguien asomando del bosque. ¿Podría ser... la que está en el sótano?
–Oh, no, Violet no sale durante el día. Vamos a ver quién es –anunciaron echándose el hacha al hombro.
Mientras tanto, en el pueblo, Balt comparaba máquinas de coser para elegir cuál llevarse. Finalmente eligió un modelo antiguo que se accionaba por pedal, y así no depender de electricidad ni pilas en la desastrosa mansión. Y, ya que estaba, compró más rollos de tela, un par de tonos de morado u otro par de tonos de rosa. Para meterlo todo en el coche de la repartidora tuvieron que hacer un poco de tetris con los rollos cruzados en la parte trasera.
–Así que estáis adecentando la vieja mansión, ¿eh? –le comentó la conductora mientras subían la colina.
–Eh... sí –contestó Balt, incómoda por la interacción social.
–La verdad es que con vosotras ahí da mucho menos miedo.
Balt iba a responder que se alegraba cuando la repartidora pegó un frenazo para no atropellar algo pequeño en la carretera.
Minutos después, el coche llegó a la mansión, con la cena, todos los trastos de costura y Balt llevando un bultito negro sucio en una mano.
–Estaba en la carretera, casi lo atropellamos, creo que está solo desde hace tiempo, porque está muy flaquito –justificó mostrándole a Rosa el gatito despeluchado que no podía abrir un ojo, estaba en los huesos y el pelo le parecía un estropajo.
–Ay, cosita bonita, deja que te creemos un poco de comida para gatitos –dijeron sacándose un cuenco rosa de la espalda.
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Aaaaaaaah, gatitoooooo >3<
Un momento, ¿no es mucha casualidad que...?
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La Residencia
HumorRollo sitcom de capítulos cortísimos con demonios, vampiras, brujas.. Una colección de personajes basados en un meme de "decidme qué vibes os doy" y que van a compartir casa. Minicapítulo cada día de octubre. Portada por Ana Castillo
