Atisbo

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El tejido cedió a la prisa,
voluntad de un azar con dedos.
Y ahí,
una serpiente latente sobre un pilar,
dormía muda, arqueada, viva.
Su pulso un eco en la bóveda nerviosa.

El soplo de fuera -santo y traidor-
franqueó el umbral del lino.
Una firma oscura emergió de la forma.
Torcí la vista, el reflejo,
como el neófito que teme al astro
por miedo al deshielo de su figura.
No fue hambre del ojo.
Fue liturgia de la duda,
el vértigo al hallar la prueba
de que el enigma aún es materia que se agita.

𝙄𝙉 𝙈𝙔 𝙃𝙀𝘼𝘿Donde viven las historias. Descúbrelo ahora