¿Quién?

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Yo no te amé.
Te habité.

Te hice casa con el cuerpo,
te di un lugar donde dejar los zapatos del mundo,
y aun así te quedaste de pie,
con la llave girando del lado equivocado.

Vi tu sonrisa
y quise mudarme ahí,
colgar mis días en sus paredes,
aprender el idioma de tus gestos mínimos.
No como amor,
un domicilio.

Yo era la guardiana del hambre compartida,
la que doblaba la noche para que no te cayeras,
la que bebía el secreto hasta hacerlo pulso.
Fui silencio útil.
Fui sostén invisible.
Fui el nombre que no se dice cuando ya cumplió su función.

Confundí tu cuidado con un futuro,
tu cercanía con promesa,
tu descanso con pertenencia.
Me dejaste creer
porque creer te aliviaba.

Me tragué lo que era verdad
hasta volverlo hueso.
Tú expulsaste lo falso
para seguir caminando liviano.

Hoy escribo.
Entre página y página
todavía nadan los animales que amabas.
No porque te espere,
sencillamente no tengo corazón
para aniquilar el océano
que tú y yo habitamos alguna vez.

Estoy a punto de nombrarme autora
y nadie ocupa la primera fila.
La silla vacía
es el último poema que te escribo.
No al hombre que huyó.
Al lugar donde quise vivir
y no me quedé.

𝙄𝙉 𝙈𝙔 𝙃𝙀𝘼𝘿Donde viven las historias. Descúbrelo ahora