Jamón sí te quiso, cabrón

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Llevo una vida de perros, Gabriel,
me lamo las heridas en las calles del centro
mientras tú pasas de largo, gritándome "pulgosa".

Mastico el pan con veneno que me diste.
Tus fotos, el tiburón de papel maché,
el chocolate que te limpié de los labios con excusas baratas.

Me abrí las costillas, me saqué el corazón hirviendo
y te lo puse en la mano para que lo besaras,
pero preferiste patearlo, hacerlo un juguete viejo
frotarlo en el suelo.

Metiste el hocico en mi casa, en mi música,
hasta mi gato, Jamón, te dio permiso de entrar,
y ese animal tiene más decencia que tú, zángano.

Buscando amigos solo encontré perros.
Diego, Kevin, los cómplices de la ley del hielo,
y tú, torciendo el gesto mientras ella se burlaba de mí.

Ahora soy la "perra" en la página de quemados,
la que tiene la amistad deshecha y la mala fama en el lomo,
mientras tú te haces el dormido para no ladrar de noche.

Me dejaste tirada en la esquina, una bolsa negra,
un "cuídate" sin voz con sabor a basura.

Aquí sigo, con la cola erguida por puro orgullo,
aunque por dentro me esté desangrando.

Diles la verdad, Gabriel.
quién te sostuvo cuando te morías en clase,
por qué, en tu libre albedrío, te quedabas día con día,
no te quejabas nunca de mi empalagoso actuar.
Me querías. Era yo tu amiga, lo dijiste.
Me heriste por puro ego. Sin verbo, sin corazón, sin humanidad.

Diles que este perro todavía te contestaría el teléfono,
que todavía subiría el cerro a gatas por un abrazo,
porque esto, amigo mío...
es lo más parecido a la vida que encontré.

Paso la lengua sobre mis heridas,
pero si hoy me chiflas,
o me tiras una piedra,
aquí me tienes de nuevo,
esperando una croqueta que sepa menos a rabia.

𝙄𝙉 𝙈𝙔 𝙃𝙀𝘼𝘿Donde viven las historias. Descúbrelo ahora